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Tribuna:

El tiempo recobrado

Marcel Proust habita en la Villette, a las afueras de París. El secreto ha sido desvelado nada más abrirse al público, hace unos días, la Cité de la Musique, una fiesta contagiosa en que todas las músicas del mundo se han dado cita en busca de, un tiempo perdido y de unos espectadores a punto de flanquear el umbral de un nuevo siglo. Los franceses, una vez más, sacan adelante otra de sus utopías. Asombra la tolerancia en los criterios de programación: Steve Reich, tras las músicas de Magreb; Pierre Boulez, mano a mano con Gesualdo. Pero, si cabe, sorprende mucho más el exquisito tratamiento de lo puramente francés.

Proust pervive, decíamos. ¿Aimez-vous Vinteuil? es el título de uno de los conciertos de carta blanca para profesores y estudiantes del Conservatorio Nacional, edificio situado enfrente del auditorio modular y el museo de instrumentos. Intercalar el nombre de Vinteuil entre las sonatas para violín y piano de Saint-Saëns y Cesar Franck es una declaración de principios, un viaje por la memoria literaria de un país. "Vaya si es hermosa", "es de una emoción grande", decían al escuchar el Andante de la sonata de Vinteuil algunos de los personajes de A la recherche du temps perdu. Todos profesaban gran admiración a Vinteuil, pero ninguno le conocía. Daba lo mismo. Proust simbolizaba con ello la música de una época. La complicidad es manifiesta, y ese mismo día se redondea por la noche en la Cité con la recreación de la soirée dada por el gran escritor francés en los salones del Ritz el 1 de julio de 1907, soirée que empieza y concluye con Fauré, en dos obras, claro está, también para violín y piano. En días siguientes, los fervores, voluptuosidades y encantamientos inspirados por Mallarmé y todas las variantes ¿e la música de salón, desde Reinaldo Hahn hasta Ernest Chausson, completarán esta apoteosis íntima de un tiempo y de una música.

La interrelación de estudiantes de conservatorio, nuevos públicos e intérpretes de calidad, es uno de los grandes hallazgos del planteamiento de la Cité. Es por ello especialmente significativo que en las jornadas inaugurales participase la Orquesta del Conservatorio con el propio Boulez.

Como muestra del eclecticismo de la programación de la Cité sirvan tres ejemplos. Uno, Abbado y la Orquesta de Cámara de Europa interpretan un día obras de Haydn, Schubert y Mahler, y al siguiente, de Sciarrino, Ligeti, Schónberg y un estreno de Silvia, Fomina. Dos, la característica polivalente de la sala de conciertos alberga con la misma flexibilidad el Carré para cuatro coros y cuatro orquestas, de Stockhausen, que la sonoridad de los siglos XVI y XVII reproduciendo el concierto del 16 de agostó de 1608 , en la Escuela San Rocco de Venecia, con obras de Gabrieli y otros. Y tres, los rituales sintoístas y tradicionales de la Corte de Japón comparten una misma velada con el Rituel in memoríam Maderna, de Boulez.

Las actividades de la Cité continúan de julio a septiembre con la Universidad Musical de Verano: la Academia del Siglo XX, coordinada por Pierre Boulez y David Robertson, está enfocada para alumnos de los últimos cursos de enseñanza musical; la orquesta de jóvenes Gustav Mahler, dirigida por Abbado, actúa como grupo residente; además, se han planificado unos encuentros de música de cámara para estudiantes avanzados.

Visto desde la perspectiva española, un fenómeno como el de la Cité produce admiración. Los franceses son capa ces de superar tensiones políticas, divergencias, dudas, aplazamientos y rectificaciones, para hacer realidad 'sus fantasías. A veces se equivocan, pero la vitalidad cultural que demuestran es encomiable. Hay quien afirma que, al menos en el caso musical, eso sería posible en España si tuviéramos un Pierre Boulez. Lo pongo en duda. Creo más bien que la clave está en que el espíritu de Proust, o el de Rabelais, continúan vivos en el país Vecino, mientras el de Cervantes yace en un lugar de La Mancha de cuyo nombre, desgraciadamente, nadie quiere acordarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 1995