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Entrevista:

"La tolerancia tiene sus Iímites"

José Antonio Marina (Toledo, 1939) está acostumbrado a hablar en público; mejor dicho, a enseñar en público. No puede resistirse a ello ni siquiera en su último libro, Ética para náufragos (Anagrama), en el que intercala entre sus reflexiones toda una serie de conversaciones con una supuesta lectora que le sirve para refutar los argumentos de otros filósofos. Y es que necesita utilizar todos su argumentos para explicar convincentemente su nueva teoría sobre la ética, una materia que ha tenido mala prensa en los últimos tiempos y que él reivindica como "el modo más inteligente de usar la inteligencia". Una ética racionalmente poética, como dice él, que no puede tolerarlo todo porque "la tolerancia tiene sus límites y hay cosas intolerables", y que tiene como pilares las nociones de dignidad y de derechos, conceptos antinaturales que califica como "una de las creaciones más importantes de la inteligencia humana".

Ética para náufragos es la tercera parte de una trilogía -que incluye Elogio y refutación del ingenio (1992) y Teoría de la Inteligencia creativa (1993), ambos en Anagrama- que tendrá continuación en el futuro con un ensayo sobre la inteligencia fracasada en la que abordará, entre otros temas el mal. "La retórica de la perversidad es ridícula; el mal es malo y la poética o pseudopoética del mal ha sido detestable, cutre y vulgar", afirma.

La ética, asegura Marina, no es un conjunto de normas, sino un conjunto de soluciones, por eso considera "un crimen" que se elimine esta asignatura, al igual que la de flilosofía, de la enseñanza secundaria. "La ética y los pensadores éticos habían llegado a un callejón sin salida al separar la idea de felicidad y la del deber. Debemos acostumbramos a hablar no de felicidad subjetiva, que es un estado de ánimo, sino de felicidad objetiva, que es aquella situación que no querríamos perder y que, de hacerlo, echaríamos en falta".

Derechos

En este contexto, Marina ha situado los derechos, esta cosa tan frágil que, encima, exige deberes y cuidados. "Los derechos no son leyes naturales equivalentes, por ejemplo, a la ley de la gravedad. No existen por sí solos, sino que son una estructura que nosotros hemos creado y que cuando no la mantenemos se desploma?". Los ejemplos abundan: la seguridad social, las vacaciones pagadas, el descanso semanal, la jubilación, la educación gratuita, el voto... Y eso sólo en el caso de derechos recientes y aún no universales, "Nadie en su sano juicio que conozca la historia querría vivir en otra época que no sea ésta", asegura.Pero, señala, "la afirmación de un derecho significa un compromiso de mantenerlo". Y, por eso recomienda que, de momento, se eliminen de la Constitución española los derechos al trabajo y a la vivienda.

"El orbe de la dignidad humana, que es el ético, necesita ser universal para ser estable y mantenerse", asegura. "Todo derecho privado de una cultura, antes o después acaba en la violencia". En su opinión, ni la religión, ni la política, ni la economía, ni la psicología pueden solucionar los problemas que nos acongojan; sólo la ética. Pero una ética, aclara, que antes hay que definir muy claramente. "No hay crisis ética cuando la gente obra mal, esto sencillamente es un problema de conducta. La crisis ética surge cuando no sabemos qué tenemos que hacer porque ninguna solución es clara o porque sabiéndolo no encontramos razones para hacerlo". Marina defiende que hay criterios éticos objetivos, como los de la ciencia, pero que, como éstos son de difícil elaboración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 1995

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