Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Insultos injustificados

Acogiéndome al derecho de réplica me dirijo a usted con objeto de responder a los insultos que el escritor Mario Vargas Llosa dirige a mi padre, el ex presidente Hernán Siles, en su artículo Italia no es Bolivia, del día 6 de noviembre.En su artículo, que procura ser una defensa de la aplicación de políticas neoliberales en Latinoamérica, justifica la adopción de éstas en Bolivia arremetiendo contra la presidencia de Siles con una virulencia injustificada e incomprensible.

Podría contestar con otra ristra de insultos, pero prefiero responder con argumentos. El proceso de democratización en Bolivia, después de un lamentable periodo de golpes y contragolpes militares, fue especialmente conflictivo, enrevesado y largo. Cuando, en el año 1982, el Congreso (elegido dos años antes, en las elecciones de 1980) vota presidente a Siles, él comprende que gobernar el país con una representación parlamentaria del 27% y una insatisfacción social alimentada durante años de represión es tarea prácticamente imposible. Sin embargo, comprende también que, después de tres elecciones generales consecutivas y cuatro golpes de Estado, en un espacio de cinco años (1977-1982), no puede darse el lujo de presionar para unas nuevas elecciones generales.

El país que hereda está en el caos económico, y los movimientos sociales se desbordan en todos los sectores. Las fuerzas políticas se estructuran en torno a dos ejes en permanente colisión: el Parlamento, que aglutina a las fuerzas de derecha, y la Central Obrera Boliviana, que aglutina a las de izquierda, mientras que el Gobierno, minoritario en ambos, es obligado a jugar el papel de un árbitro imposible. El país, efectivamente, requería medidas de estabilización de la economía, pero las medidas drásticas exigen un consenso, y el volcán social en el que se había convertido Bolivia lo hacía imposible. Es más, cuando, en ese momento, se propusieron medidas económicas al Parlamento ' éstas fueron vetadas por las mismas fuerzas políticas que luego las pondrían en práctica en Gobiernos posteriores, tal era el clima de ensañamiento político que se había alcanzado. La aplicación de medidas de reajuste hubiera requerido su imposición por la fuerza y ocasionado, no nos engañemos, derramamiento de sangre, - como sucedió después en Venezuela, sin resultado positivo alguno.

Procesos de transición hacia la democracia tan conflictivos como éste no son patrimonio único de Bolivia. La lectura de la prensa en la última década nos da a conocer conflictos políticos y procesos hiperinflacionarios similares en la Argentina de Alfonsín, la Unión Soviética de Gorbachov o el Brasil de Sarney y, sin duda, asistiremos a un proceso similar en el Haití de Aristide si la comunidad internacional no le brinda el apoyo económico necesario para impedirlo. En todos los casos anteriores, las medidas de reajuste de la economía vinieron después de un doloroso proceso de consenso. La remodelación de la economía es imposible sin una base política que la sustente. No debemos ignorar esta elemental lección de la historia.

Las fuerzas políticas bolivia

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nas actualmente en el Parlamento sí lo han comprendido y el 9 de abril pasado celebraron un homenaje a Siles, en su calidad de "líder" de la revolución de abril del 52 (revolución que terminó con el Estado seinifeudal e hizo posible la modernización de Bolivia) y "autor" de la democracia en Bolivia (las palabras entrecomilladas no son mías). En el homenaje participaron todas las fuerzas políticas parlamentarias sin excepción, y la prensa, tan adversa durante su Gobierno, se hizo eco del homenaje con la misma unanimidad. Personalmente, he escuchado a autores de la actual política económica declarar públicamente que ésta no hubiera sido posible si no fuera por el antecedente de estabilización monetaria aplicada por el propio Siles en el periodo 1956 1960, y el antecedente de estabilización política del periodo 1982-1985. Han pasado 10 años desde su Gobierno y los bolivianos hemos tenido tiempo de revisar nuestra difícil transición a la democracia con menos apasionamiento y más ecuanimidad.

Me resulta difícil pensar que el señor Vargas Llosa tenga algo personal contra Siles. Tanta mordacidad sólo se explica como un intento de dar más brillo a las políticas neoliberales aplicadas, pero Bolivia lleva ocho años de política de reajuste, y su éxito tendrá que medirse por los resultados, no por la cantidad de barro que se eche sobre los Gobiernos predecesores.-

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