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DANZA

Meninas en su salsa

Para la nueva coreografía española es muy importante este estreno mundial, que llega de la mano de los cubanos y como parte de una colaboración no desinteresada por parte de los caribeños, que ya hoy día no convocan fácilmente -y gratis- a creadores europeos. Los cubanos han encontrado un filón a explotar ante la carestía de oportunidades de que pueden disponer los peninsulares.El caso es que Pablo Molero (Madrid, 1962) tuvo que marcharse de la Compañía Nacional de Danza ante la imposibilidad de empezar a crear en su sede natural. La misma negativa por parte de Nacho Duato la recibió en su día Juan Carlos Santamaría, y hoy los dos, ya acumulan un incipiente repertorio de búsqueda que sin asombrar demuestra seriedad y talento.

Ballet Nacional de Cuba

Y ahora el viento trae tus palabras:coreografía: Pablo Molero; música. Juan José Solana. Teatro Albéniz, Madrid. 7 de septiembre.

Las meninas velazqueñas son un tema que apareció en el ballet en el verano de 1916 cuando Massine estrenó en San Sebastián Las Meninas, con la pavana de Fauré y los espléndidos trajes de José María Sert. Por cierto, el rey Alfonso XIII se desplazó a Donosti especialmente para ver la obra, que fue un triunfo. Ahora Molero se inspira libremente en ese pasado y consigue una recreación fresca y seria a la vez, que, es junto a la creación de Alberto Méndez, lo mejor que se a visto en la temporada del Albéniz.

Los bailarines, escogidos de entre los más jóvenes de la compañía, se adecuán a los propósitos del coreógrafo, y Galina Álvarez demuestra nervio y concentración en un papel que le exige amplio registro técnico y hasta incursionar en esferas de movimiento ajenas a la academia. Todos los artistas cumplen con energía virtuosa, y los fallos interpretativos son claramente motivados por la falta de ensayos. El vestuario es eficaz a la vez que decorativo, y la obra termina con un ingenioso salto de época. Los artistas se despojan de su tiempo teatral para venir a nuestros días y bocetar pasos de salsa en ruedo. Una bella metáfora que hace recordar aquello de que, por muchas vueltas que se dé, la danza es una, grande, libre y así fue ayer, y será siempre.

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