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Entrevista:Chicho Ibáñez Serrador

"El gran público es como un chico de 13 años"

Creador del 'Un, dos, tres.. '

La historia de la televisión española va unida a Chicho Ibáñez Serrador. Programas emblemáticos como Historias para no dormir o Un, dos, tres... llevan su firma. Treinta años de televisión y más de veinte del popular concurso de la calabaza y los Cicutas le atan al juego y a la creatividad del medio. Él se niega a ser un burócrata televisivo.

Terminó un nuevo Un, dos, tres..., más que un programa, una fórmula que admitió en su día a Kiko Ledgard, a Mayra, a Jordi y Miriam o ahora a José María Bachs. La contraseña de esta última etapa con la que el programa ha cumplido ya los 22 años fue orientar esta fórmula hacia una mezcla de cultura y divertimento exigente. El Un, dos, tres..., se ha hecho algo más complicado, tranquilo, invitando más a la escucha que a la risa, y las calabazas para todos los públicos cobraron otro significado. Los 30 años de Chicho en televisión le han permitido este tipo de indagaciones y experimentos aun sabiendo que la audiencia le podría pasar factura: algo más de tres millones de seguidores, dos menos que la época anterior."Con tanto programa ahora que busca la lágrima o el glúteo, me dije: vamos a contar cosas que interesen de verdad. No pretendía enseñar sobre nada, sino despertar la curiosidad y, desde luego, era consciente de que este programa no iba a tener la audiencia de siempre. Pero pensaba que iba a salir mucho peor; la audiencia ha sido más que notable, pero no podía competir con otras cadenas en las que todo era más frívolo y amarillo. Es positiva la etapa porque a mí me ha enseñado hasta dónde podemos ir en esa cruzada de intentar hacer una televisión digna. Creo en la televisión popular, pero hay una rayita muy fina que si la pasas te metes en la televisión populachera".

Pregunta. Hablaba de fallos, ¿cuáles han sido?

Respuesta. El hacer demasiado crítico el humor, el hacerlo demasiado inteligente; el lanzarnos mucho con el género musical, que nunca funciona en España, pero que a mí me gusta mucho. De todas maneras, el error más grande es el haber aceptado hacer el Un, dos, tres... cuando sólo habían pasado cuatro meses desde la etapa anterior. Hay que dejar descansar un tiempo largo para que exista el recuerdo.

P. Cuando dice un humor demasiado inteligente, tal vez le lleve a menospreciar al público.

R. No, eso no. Pero si se hace un chiste sobre una oreja y luego se habla de Van Gogh necesitas unas referencias culturales para entenderlo; si no las tienes, te sientes discriminado y esto te produce un rechazo inmediato. Voy a decir una cosa que no debería, pero que la veo clara después de muchos años de oficio: el gran público, si lo tuviéramos que resumir en un solo ser humano, yo te diría que es un chico de 13 o 14 años; eso es España en televisión. Es la síntesis de la síntesis. Si te apartas de los gustos de ese chico, es peligroso.

P. Usted lo ha hecho, dando la mano a un Un, dos, tres... más culto. ¿Es una forma de querer decirle adiós?

R. Ya he aprendido hace tiempo a no decir que Un, dos, tres... no volverá jamás porque me he tenido que tragar las palabras varias veces. Es el público el que lo pide, lo que pasa es que esta vez no lo había pedido. No sé si desaparecerá, pero por lo menos, tendrá un descanso muy largo, hasta casi cinco años, como aquel que hubo de Kiko a Mayra.

P. ¿Le sigue gustando tanto su trabajo como en 1972?R. Me sigue entusiasmando. Me divierte porque cada vez es diferente.

P. ¿Qué planes tiene?

R. Tengo en la cabeza una serie que se llama Cartas al director.

P. ¿Le tienta convertirse en un burócrata televisivo?

R. Sí, y me lo estoy planteando, pero creo que llegaré a la conclusión de que no dentro de muy pocas horas. He estado en despachos en algunas ocasiones y me he sentido muy mal, dimitiendo al poco. Duré tres meses como director de programas en TVE, dos meses como director general de Canal Saeta de Uruguay, 15 días como director de la televisión internacional en España... no soy hombre de despacho.

P. En los años setenta, cuando hacía sus imaginarias Historias para no dormir, se imaginaba que llegarían estos años de vísceras reales?

R. Sí, claro que me lo esperaba, y no me asombra nada de lo que veo porque ya lo he visto en muchos países. No hacía falta ser adivino; hace años fueron las telenovelas, ahora, los programas lágrima.

P. ¿Qué está por venir ahora?

R. No lo sé. Tal vez una televisión más normal, sin la angustia del galope detrás de las audiencias. En España se tiene que asentar la televisión.

De atolones, y tomates

Vivió un tiempo en la Polinesia francesa, en un atolón de las Tuamotú que se llama Manihi. Cuatro meses inolvidables en el año 71. Cuando volvió a Madrid comenzó con su primer Un, dos, tres... Era la época de los Cicutas.Este Chicho de hoy, con 58 años, conserva una personalidad muy infantil, tanto que todavía sigue pensando que una sala de montaje es el mejor de los juguetes, un enorme tren eléctrico lleno de botones. Volverá Creador del 'Un, dos, tres a las Tuamotú para contarlo. No es del todo libre Chicho porque siempre esperan de él programas de éxito. "En televisión hay que hacer como en los mercados; si no hay tomates, hay que ofrecer tomates. En Cannes, recientemente, nos hemos preguntado: ¿qué es lo que no hay?, y nos hemos dicho: ni misterio ni terror. Por eso hablo de una serie policiaca". ¿No se puede entonces crear libremente? "¡No, en la televisión, ya no!, hay un exceso de condicionamiento de la audiencia; hemos de asumir que estamos trabajando en un medio masivo! y que nuestra independencia creativa la podemos encauzar bien en el libro o en el teatro o en el cine. En la televisión, ya no

Por eso inventar algo le va a llevar un tiempo porque, aunque habla de historias policiacas, no quiere tirar tan directamente por lo más fácil sólo por ganarse a las audiencias con un chasquido de dedos. Los buenos profesionales dejan a un lado estos primeros impulsos. Lo que hace más gracia de todo en esta conversación es que él, a pesar de los 30 años de fidelidad televisiva, se sigue viendo en este medio de una forma accidental. "Yo soy del teatro", dice. Como actor empezó a los 11, como autor a los 17, y dirigiendo a los 18. Tennessee Willianis vivió con él y su madre en Barcelona, y fueron ellos quienes lo empezaron a dar a conocer hace mucho

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1994

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