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España participará sólo de forma simbólica en los programas tripulados

El presidente de la Federación Astronáutica critica la falta de una estrategia espacial

España limitará su aportación a los programas espaciales tripulados europeos durante los próximos dos años a una cantidad simbólica tras haber participado en ellos durante ocho años. Esta decisión responde, según fuentes oficiales, a la situación de incertidumbre en que se encuentran estos programas, ligados al proyecto de estación espacial internacional liderado por EE UU y Rusia.

"Durante estos dos años invertiremos 100 millones de pesetas", señaló ayer Humberto Arnés, director del CDTI, organismo que representa a España en la agencia. Arnés quiere dejar claro que en su opinión hay que desmitificar la importancia de los vuelos tripulados, aunque sean emblemáticos, frente a los otros programas de la ESA como telecomunicaciones o meteorología en los que España sigue presente a través de su aportación de 15.000 millones de pesetas este año.Álvaro Azcárraga, directivo de la empresa Sener y también presidente de la Federación Internacional de Astronáutica, no está muy de acuerdo. "El papel de una agencia espacial es llegar al espacio. Para hacer o explotar satélites meteorológicos tenemos el Instituto Nacional de Meteorología. Lo que me preocupa de esto es la falta de una estrategia espacial española a largo plazo. En 1985 se decidió jugar fuerte en los programas tripulados, se han gastado varios miles de millones, que también es verdad que han revertido en contratos y tecnología, y estábamos bien situados. Si en 1995 nos vuelve a interesar el tema, nos costará mucho recuperar la posición".

Para Azcárraga, además de su interés económico o científico, el espacio es un escenario estratégico, como la Antártida, y la soberanía espacial la tendrá en el futuro quien pueda mandar hombres al espacio, lo que explica, en su opinión, el pacto franco-alemán para mantener vivo el programa a pesar de las dificultades económicas de ambos países y el empeño de Japón y de China en desarrollar capacidad propia espacial.

Mientras tanto, el español Pedro Duque, astronauta europeo, prosigue su entrenamiento en Moscú para su posible participación en un vuelo ruso a la estación Mir este mismo año. La delegación española en la ESA cree que la escasa participación de España en el programa de vuelos tripulados no tiene por qué afectar a su selección para futuras misiones.

Hace poco menos de un ano, el Gobierno español estaba dispuesto a abandonar los programas tripulados de la Agencia Europea del Espacio (ESA), los antiguos Columbus y Hermes remodelados, pero no le dio tiempo a decirlo oficialmente. Estados Unidos decidió dar entrada a Rusia en el proyecto de estación espacial internacional, donde iba a participar Europa con módulos y vehículos de transporte, y todo volvió a quedar patas arriba. La situación no ha mejorado mucho desde entonces. Mientras se concreta la participación rusa y Estados Unidos garantiza que se va a hacer la estación, Europa no encuentra dinero suficiente para embarcarse en estos carísimos proyectos y tampoco quiere abandonar totalmente su presencia en el espacio.

El resultado ha sido una situación de compás de espera hasta la conferencia de nivel ministerial que tendrá lugar en octubre de 1995. Durante este tiempo se harán estudios de viabilidad y de definición de los diversos elementos (como el módulo laboratorio y varios vehículos de transporte) pero no se pondrá un solo tornillo en ellos y la inversión ha quedado reducida a la quinta parte.

Alemania y Francia

La paralización irá acompañada de la unificación de los dos programas, el Columbus y el de transporte espacial tripulado (MSTP). Alemania, Francia e Italia son los países que han apostado por seguir con gran presencia en este programa reducido. Tras la reunión de los países miembros de la ESA el pasado 15 de febrero en París, durante la que se estructuró esta fase transitoria, los representantes españoles apostaron por retirarse completamente. Luego, la posibilidad de obtener algunos contratos para la industria española y la insistencia de los directivos de la agencia les han hecho cambiar de opinión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de marzo de 1994