Necesidad y urgencia
LA CUMBRE de la Unión Europea concluyó ayer en Bruselas con un mayor apoyo del previsto al Libro Blanco sobre el Empleo, la Competitividad y el Crecimiento presentado por el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors. La Europa comunitaria avanza irremisiblemente hacia los 20 millones de parados. Cualquier iniciativa con un fundamento suficiente de racionalidad que procure atajar esa sangría merece la atención que los Doce le han prestado. Hay acuerdo en la necesidad y urgencia de estas medidas para liberalizar el mercado del trabajo, lanzar el mercado interior europeo como bloque capaz de competir con Asia y Norteamérica, y completar un ambicioso plan de desarrollo de infraestructuras. No lo hay aún en la forma de financiación de este último.. Dos dimensiones claramente diferenciadas, aunque complementarias, presenta ese informe. Una primera, destinada a reformar los mercados de trabajo, a dotarlos de la flexibilidad suficiente para que en sí mismos no constituyan un obstáculo a la creación de puestos de trabajo. Se trata, en definitiva, de la concreción de otras tantas iniciativas que con desigual recepción están tratando de aplicar algunos países europeos. Sin ir más lejos, España.
El mantenimiento del actual modelo es seriamente cuestionado, aunque se hagan votos genéricos por no renunciar a los sistemas de garantías que han configurado el Estado de bienestar. La política macroeconómica se basará en la flexibilización del mercado del trabajo, contención salarial, control de la inflación y reducción de los déficit públicos. El mensaje a los sindicatos es claro: el plan se aplicará con o sin su colaboración.
La otra dimensión, más controvertida, es la que reúne propuestas de inversión comunitarias, fundamentalmente en infraestructuras destinadas no sólo a generar más empleo, sino a profundizar en la conexión, en la integración real de los países comunitarios. Se trataría dé asignar 20.000 millones de ecus anuales a proyectos tales como las denominadas autopistas informáticas, redes eléctricas, gasoductos, etcétera, cuyo denominador común es el estrechamiento de la vinculación intercomunitaria. Es ésta la propuesta keynesiana del paquete negociado en la cumbre que, por lo demás, se caracteriza por su marcada ortodoxia del libre mercado. El plan aspira a que su financiación no provoque un mayor endeudamiento de los Estados miembros y el agravamiento de sus déficit públicos. Pero el proyecto de emisión de obligaciones de la Unión, pieza clave en el plan Delors, queda en manos de los ministros de Economía y Finanzas, que son sus críticos más decididos.
Además de este saludable resultado, que demuestra una sintonía mayor de la que se suponía en vísperas de la cumbre de Bruselas, los Doce han destacado las excelentes expectativas que abre un acuerdo en las negociaciones del GATT, si bien no ocultan las diferencias aún existentes y refuerzan una. Cerrado el conflicto agrícola, la Unión Europea insiste en exigir un trato excepcional al campo audiovisual. La UE pide abiertamente dejar el cine fuera del acuerdo. Sin fuertes contrapartidas, y aun con ellas, será dificil que Estados Unidos acepte.
En el campo de la ampliación de la UE a los cuatro candidatos de la EFTA ha sido palpable la falta de entusiasmo de la UE ante lo que se consideran rígidas posturas negociadoras de los aspirantes. La ampliación a los países ricos septentrionales puede tener algún efecto negativo para España, pero a cambio le permitirá contar en los órganos comunitarios con una representación que le otorga el peso decisorio de país grande, en condiciones muy cercanas a las de Alemania, Francia e Italia.
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