La furia de los colonos judíos
En la batalla por ganar las almas y corazones de los israelíes, los dirigentes de los colonos judíos en los territorios ocupados llevan hasta ahora ventaja. El Gobierno se halla a la defensiva y en Jerusalén la gente se pregunta cómo va a contraatacar frente a la campaña orquestada hábilmente por la dirección de los colonos, y que tiene como objetivo convencer a la población de Israel de que se oponga a los acuerdos alcanzados por el Gobierno del primer ministro, Isaac Rabin, y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).Los representantes de aproximadamente 140.000 colonos, menos del 3% de la población del país, logran, día tras día, convertirse en el foco de la atención general. Su presencia en la pequeña pantalla de la televisión eclipsa la de los portavoces oficiales. Despliegan su ofensiva antigubernamental sobre diversos frentes a la vez. Organizan continuamente manifestaciones cuyo lema es "Rabin es un traidor". Intentan legitimar la idea de que la política del Gobierno no sólo es hostil a la colonización judía en los territorios ocupados, sino que también amenaza el futuro del Estado de Israel. Al mismo tiempo lanzan la llamada campana de las 130 nuevas colonias, que tiene como objetivo doblar el número de los asentamientos judíos.
Rabin intenta contraatacar. En la cena que anualmente celebra con los directores de la prensa israelí, el primer ministro se indignó. ¿Cómo se atreven a decir que el Gobierno los abandona a su suerte? Para garantizar su seguridad hemos desplegado 120 batallones en CisJordania, lo que supone una cantidad cuatro veces superior a la de nuestras fuerzas en la frontera norte de Israel", aseguró. Rabin también ha dado cifras que demuestran, en contra de las denuncias de los colonos, que ha habido menos civiles judíos muertos desde el acceso al poder de su Gobierno. El primer ministro añadió: "Menájem Beguin [el primer ministro del Likud] tuvo el valor de eliminar toda la presencia judía del Sinaí. Nosotros hemos decidido que ningún asentamiento judío va a ser eliminado y, créanme, el establecimiento de más de una de estas instalaciones fue un error que nosotros no hubiésemos cometido. Pero puesto que estas colonias judías ya existen, las defenderemos".
Sin embargo, los colonos no creen en las promesas de Rabin. Saben que, respecto al compromiso de mantener todos los asentamientos judíos, otros ministros -y no los menos importantes- no son tan categóricos. En pocas palabras, los colonos desconfían. Aparte de la facción dura desde el punto de vista ideológico, que se halla integrada por unas 20.000 personas que están dispuestas a todo, o casi, con tal de impedir la aplicación de los acuerdos de paz, la gran mayoría de los colonos, sin embargo, no quiere enfrentamientos.
Vivir en paz
Efl Cohen, de 34 años, casado y padre de dos niños, vive en Shaarey Tikva, en Cisjordania, a unos cuarenta minutos en coche de Tel Aviv. Sólo aspira a vivir en paz. Ni siquiera tiene pistola. "No creo en las armas", dice. Ello puede parecer un poco hipócrita, puesto que su pequeña aldea sobrevive sólo gracias a la protección del Ejército. "Precisamente, lamento este hecho", añade. Eli se sorprende, de forma sincera, de que los palestinos no lo quieran como vecino.
Muchos otros colonos son más pesimistas. Según un reciente sondeo, el 33% de los colonos está dispuesto a hacer las maletas y volver a Israel si son indemnizados por el Gobierno como los colonos del Sinaí.
Pero a los dirigentes de los colonos judíos ni siquiera se les pasa por la cabeza el abandonar sus puestos. Ellos ven en su presencia sobre estas tierras con fuertes resonancias bíblicas la redención del Eretz Israel, la tierra del pueblo de Israel. Ni siquiera consideran la idea de una derrota. Al menos por el momento, tienen el viento en popa. A raíz de los llamamientos de los dirigentes de los colonos a favor del bloqueo de las carreteras, la creación de una policía privada y el establecimiento de 130 nuevos asentamientos judíos en contra de las recomendaciones oficiales, Michael Ben Yair, consejero jurídico del Gobierno, calificó el Consejo Central de los Colonos de "organismo sedicioso".
La elaboración de la paz israelo-palestina, su consolidación y su arraigo en el subconsciente colectivo de los israelíes, no dependen sólo de las negociaciones en curso en El Cairo y otros lugares. La lucha se libra también en otro campo de batalla, el de la opinión israelí.
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