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No era un millar, sino un centenar

A cuatro columnas, EL PAÍS del 30 de marzo anunciaba: Un millar de personas insulta en Zaragoza al ministro de Justicia. La información, enviada desde la capital aragonesa por Javier Ortega, trataba de la inauguración -presidida por el titular de la cartera de Justicia, Tomás de la Quadra- del nuevo edificio -que alberga los juzgados de la ciudad.El jefe de prensa del ministerio, Javier Torróntegui, protesta: es "rotundamente falso" que un millar de personas insultara al ministro. "Los grupos que manifestaron sus reivindicaciones, aprovechando la presencia en Zaragoza del responsable de la cartera de Justicia", puntualiza, "no superaron el centenar de personas, en la más generosa de las valoraciones del resto de los medios de comunicación". "Periódicos, emisoras de radio y televisiones", precisa, "se refineron a estos hechos cuantificando la presencia de manifestantes en 'unas docenas' e incluso en 'cincuenta personas". En efecto, estos medios así lo señalaron. Entre cien y mil hay una considerable diferencia. ¿De dónde proviene la disconformidad de cifras?

Javier Ortega manifiesta sin reparos: "Reconozco, de entrada, mi error al confundir un millar con un centenar". "Vi un centenar, pero escribí un millar", admite. Explica que los manifestantes pertenecían a dos colectivos distintos: la Coordinadora del Bajo Gállego, que protestaba por la instalación de una cárcel en Zuera (Zaragoza), y opositores al Cuerpo de Oficiales de Justicia que se han quedado sin plaza. El número total de éstos en las diferentes comunidades autónomas, dice, supera los 300, y la víspera habían anunciado que acudirían a Zaragoza, para protestar ante el ministro. "Aunque el total de manifestantes no llegase al centenar, el hecho de que los afectados por la oposición fueran más de 300 me hizo creer en mis notas que no se trataba de cien, sino de un millar, y di por buena la cifra". Reconoce que se ofuscó con los guarismos: vio unas cien personas, pero escribió mil.

El cumplimiento del Libro de estilo de EL PAÍS habría evitado el error del que protesta Torróntegui con razón: en las manifestaciones de asistencia fácil de calcular, señala la norma, hay que incluir directamente el número de participantes, al margen de dar también las cifras facilitadas por la policía y los organizadores. Dos fuentes que están a la mano de los informadores, sin dificultades.

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Spielberg no es católico

Jessica Kreimerman, corresponsal de The Jerusalem Report, remite una carta a propósito del artículo complementario que acompañaba a una crónica sobre el cineasta Steven Spielberg (3 de marzo). La crónica daba cuenta de que Spielberg no podrá rodar el filme, La lista de Schindler en el interior del campo de exterminio nazi de Auschwitz. El Consejo Mundial Judío lo impedía: se opone a que el Museo del Holocausto sea aprovechado con fines comerciales.

En el artículo complementario -de Román Gubern- se afirmaba que Spielberg, de estirpe judía, se había convertido públicamemte el año pasado al catolicismo y que por esto el Consejo Mundial Judío no le veía como a uno de los nuestros. No es así: Spielberg no se había convertido al catolicismo. Todo ha sido un fallo que Román Gubern explica: "La noticia de la reconversión religiosa de Spielberg, presentada de un modo un poco confuso en algunos medios de comunicación, tal vez por problemas de traducción, fue la responsable del error cometido".

Jessica Kreimerman, en efecto, llama la atención sobre una crónica de EL PAÍS (13 de enero de 1992), remitida desde Tel Aviv por Víctor Cygielman, con motivo precisamente de la película La lista de Schindler, en la que se decía: "Spielberg ha anunciado su reconversión al judaísmo, religión de sus mayores". (El corresponsal reproducía en su despacho unas frases de la entrevista que el cineasta había concedido al diario israelí Maariv: "Mi mujer y yo hemos decidido volver al judaísmo. Celebramos el sabbath. Mi mujer cocina comida kosher. Aspiramos a dar a nuestros hijos una educación religiosa").

Kreimerman detalla que la nota original del Maariv, aludida por Cygielman, estaba escrita en hebreo. Y hace este análisis: "Veamos qué tergiversación puede haber: un periodista israelí pregunta, Spielberg responde en inglés, la respuesta se publica en hebreo, ésta es traducida por Cygielman al francés y finalmente es traducida al español en EL PAÍS".

"Le quisiera hacer notar", escribe Jessica Kreimerman, "que en hebreo se habla de Lazjor B'Teshuva, literalmente regreso a la respuesta, expresión que se utiliza en referencia a los judíos seculares que se vuelven religiosos".

Parece que, en realidad, lo ocurrido es que Spielberg no era practicante del judaísmo y ahora sí. No hubo, pues, conversión al catolicismo.

El teléfono directo del Ombudsman es 304 28 48.

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