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Deshacerse del consejero

Guennadi Búrbulis. el hombre de confianza de Borís Yeltsín, puede acabar como embajador de Rusia en algún país extranjero si el presidente cede ante las presiones para que se desprenda de su paisano y consejero jefe, a quien muchos diputados responsabilizan de la desastrosa táctica política adoptada por Yeltsin en el Congreso.La propuesta de "exiliar" a Búrbulis sonó ayer en la reunión que Yeltsin mantuvo con un grupo de diputados en búsqueda de un compromiso para salir de la crisis. Yeltsin reconoció ante los parlamentarios que "hay que hacer algo con Búrbulis, porque no le acepta ni la oposición, ni en SverdIovsk, ni parte de los demócratas", según martifestó Nikolái Riábov, el jefe de una de las dos cámaras del Sóviet Supremo, el Parlamiento permanente ruso.

Búrbulis está "deprimido" porque algunos de los demócratas se habían unido a la oposición, entre ellos los representantes de la fracción Soglasie (Acuerdo), dijo el diputado Serguéi Yushenkov, representante de la fracción Demócratas Rádicales.

Una tímida defensa de Búrbulis emprendió ayer Serguéi Stankévich, consejero del presidente sobre cuestiones políticas, quién negó que Yeltsin fuera dependiente de sus consejeros y aseguró que ha habido muchas situaciones en las cuales ha preferido sus propias ideas a las posibles variantes expuestas por sus allegados.

El alejamiento de Guennadi Búrbulis del entorno presidencia¡ es, con todo, un arma de doble filo, ya que Búrbulis ha sido la principal conexión de Yeltsin con los sectores refomistas. Y el vacío que dejaría podría muy bien ser ocupado por políticos más conservadores que todavía se rigen por los antiguos criterios de funcionamiento de las estructuras comunistas. En ese caso, Borís Yeltsin podría o bien verse engullido y neutralizado por estos sectores o bien rebelarse de un modo impulsivo y sin las estrategias que, mejores o peores, le ha asegurado Búrbulis y su equipo de analistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1992