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Crítica:

Hermoso víaje a ninguna parte

1492, la conquista delparaísoDirección: Ridley Scott. Guión: Roselyne Bosch. Fotografla: Adrian Biddle. Música: Vangelis. Coproducción anglo-franco-española, 1992. Intérpretes: Gérard Depardieu,

Armand Assante, Ángela Molina, Sigourney Weawer, Fernando Rey. Estreno en Madrid: cines Imperial,

Fuencarral, Madrid, Ideal, La

Vaguada, Albufera y, en versión inglesa

subtitulada, Rosales.

Dicen que esa cosa producida por los hermanos Salkind y titulada Cristóbal Colón, el descubrimiento es más respetuosa con la historia que la película 1492, la conquista del paraíso, dirigida por Ridley Scott. Si así es, hay que lamentarlo por la historia. . Una película inspirada en su cesos históricos tiene, en cuanto tal película, no el derecho, sino el deber de comportarse como una ficción, y 1492 busca y al canza esa insuperable jerarquía imaginaria de ficción y por ello se salta a la torera, cuando sus fabuladores quieren enriquecer con un vuelo imaginario la be lleza y la hondura -es lo mis mo- de su fábula, la exactitud de los sucesos de donde procede. La cosa de los Salkind, respetuosa con esos sucesos, es un atentado contra las pantallas: no, es cine, sino, una penosa simulación de cine. En cambio, 1492 es siempre cine, y en una gran parte de su metraje buen cine. Por ello su infidelidad a los hechos encubre fidelidad al poema que se revela detrás de tales hechos. Diciendo verdades, Salkind miente. Imaginando mentiras, Scott alcanza a penetrar en una zona oculta de una verdad igualmente oculta. En la aventura cinematográfica que Depardieu, Scott, Bosch y los restantes creadores de 1492 desencadenan hay alto riesgo moral, una gran osadía imaginaria, sentido de la tragedia, y por ello lleva dentro una forma de verdad de rango superior a la que segrega la simple fidelidad a los sucesos. La primera hora y media de la película, la larga duración destinada a re presentar la preparación y con sumación del primer viaje profanador de la civilización europea -es decir, de un estado avanzado de la barbarie humana- al apacible estanque de las culturas indias isleñas, es un relato de alta estatura ética y gran belleza formal. Hay un encadenamientol- de apasionante precisión, en todas, las imágenes que conducen desde el despojamiento de un páramo castellano al súbito desvelamiento del muro verde de una impenetrable selva caribeña. Es un arco de cine de primera calidad: un hermoso viaje imaginario.

Luego, una vez atravesado el muro verde, las cosas cambian, y la ligereza con que Scott, Depardieu y Bosch nos elevaron al umbral de las selvas se convierte, como el interior de esas selvas, en un frondoso -lleno de bellas imágenes invertebradas, desarticuladas- estancamiento. La película, inicialmente rectilíne a, se vuelve entonces curva y comienza a dar vueltas alrededor de sí misma. Es éste -todo es calculado en una puesta en escena de Scott un violento giro de estilo narrativo querido, buscado. Pero el problema radica en que el quiebro, la arriesgada búsqueda, se convierte poco a poco en desencuentro, pues la fuerza poética de lo que descubrimos detrás del gran muro verde es menor que la esperada, de tal manera que no satisface enteramente a la expectativa que generó el impulso que nos llevó hasta allí. El viaje al paraíso se queda así en un hermoso viaje a ninguna parte, pues sólo el retorno al punto de partida devuelve a la película la fuerza perdida.

Por ello 1492 emociona y, en el mismo centro de la emoción que crea, decepciona de pronto, pues estando toda ella perfectamente formalizada, alberga dentro una zona amorfa. Es por tanto una bella obra interiormente herida, desequilibrada, pero que hay que ver, porque en ella cuanto conduce y sigue a esa zona amorfa es cine lleno de ritmo vivo y de composiciones -sobre todo las de Depardieu y Assante- de gran vigor., Obra hermosa y quebrada, produce la sensación de un generoso y frustrado intento de alcanzar algo inalcanzable: ese detrás del muro verde, que sigue siendo inexpugnable. Scott, como quienes lo atravesaron en 1492, es un europeo y ' como ellos, vulneró, sin llegar a comprenderlo, el paraíso que conquistó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 1992