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La muerte de Fernández Ordoñez priva a los españoles de su fígura política más querida

La muerte de Francisco Fernández Ordóñez originó ayer un unánime sentimiento de dolor por la pérdida del ministro que, desde la transición a la democracia, contribuyó de forma más valiente y eficaz a la modernización de España con su reforma fiscal, la ley del divorcio y la ubicación exterior del país. En las encuestas de opinión era, sistemáticamente, el ministro más valorado por la opinión pública. Un cáncer de colon, que desencadenó una metástasis generalizada, puso fin a sus 62 años de vida a las 10.45 de ayer, sólo unos minutos después de que abandonara su casa, en el barrio madrileño de Puerta de Hierro, el presidente del Gobierno, Felipe González.

Desde el Partido Popular hasta Herri Batasuna, desde la patronal y los sindicatos hasta las asociaciones de vecinos, y Gobiernos extranjeros como los de EE UU, el Reino Unido expresaron públicamente su afecto y respeto al político fallecido. Fernández Ordóñez consiguió ayer el raro privilegio en un político de concitar el elogio como personalidad pública y expresiones de afecto como persona entrañable. "Pierdo un amigo al que quería entrañablemente, dijo Felipe González tras visitar anoche la capilla ardiente. La gravedad de su enfermedad, que le apartó de la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores el pasado 23 de junio, era públicamente conocida. Los miembros del Gobierno, varios de los cuales se declararon amigos del fallecido, suspendieron sus vacaciones y se trasladaron a Madrid. A media tarde, el féretro con los restos de Fernández Ordóñez fue instalado en el Palacio de Santa Cruz. El ex ministro será enterrado este mediodía en el cementerio de El Pardo (Madrid). En septiembre se celebrará un funeral oficial en la capital de España. El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano (PP), nombró ayer a Fernández Ordóñez hijo predilecto de la capital y decretó dos días de luto. Páginas 9 a 12 y última Editorial en la página 6

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 1992

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