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LA MUERTE DE FERNÁNDEZ ORDOÑEZ

El ex ministro de Exteriores fallece a los 62 años, mes y medio después de abandonar el cargo

Francisco Fernández Ordoñez consiguió ayer, incluso después de fallecido, un raro privilegio en un político como personalidad pública y las expresiones de afecto como persona entrañable. Desde el presidente nacional del Partido Popular, José María Aznar, hasta el coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita; desde Jon Idígoras, dirigente de HB, hasta el Departamento de Estado de EEUU, coincidieron ayer en lamentar la pérdida de uno de los personajes más dialogantes y accesibles de la política española. "Siento que pierdo un amigo", fueron las primeras palabras del presidente del Gobierno, Felipe González, al abandonar anoche la capilla ardiente. Fernández Ordófiez contaha 62 años y había ocupado la cartera de Exteriores hasta hace mes y medio.

Tres años después de ser operado por primera vez, apenas transcurridos 45 días desde que tuvo que dejar el cargo de ministro de Asuntos Exteriores, por imposibilidad material ya de trabajar, Francisco Fernández Ordóñez falleció ayer, a las 10.45, en su chalé de Puerta de Hierro (Madrid). Dos minutos después de que abandonara la vivienda el presidente del Gobierno, Felipe González, que acompañó a Fernández Ordóñez en su última hora de vida, el médico de la familia, Carlos Sariz, anunciaba el fallecimiento. Un cáncer de colon, con metástasis en el hígado, ponía termino a 62 años de vida, dedicada en buena parte a responsabilidades públicas.Muy pocas horas después, el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano (PP), nombraba a Fernández Ordóñez hijo predilecto de la capital y decretaba dos días de luto, y el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza (PSOE), ordenaba arriar a media asta la bandera española, la lkurriña y la enseña donostiarra del Ayuntamiento en señal de duelo.

La corporación municipal de Santa Pola anunció que dedicará una plaza al fiel veraneante -durante 25 años descansó en la localidad- y popular "Paco Ordóñez", como él mismo pedía que le llamaran, a quien además designará alcalde perpetuo del castillo de Santa Pola.

Los ministros interrumpieron sus vacaciones para acudir a la capilla ardiente y al funeral de su antiguo compañero en Madrid, y el vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, y el secretario federal de organización, Txiki Benegas, anunciaron que suspendían asimismo su descanso para asistir hoy al entierro.

Condolencia de los Reyes

Toda la familia real, que se encontraba en la ciudad olímpica de Barcelona, envió telegramas de condolencia y afecto a la viuda del veterano ex ministro e inseparable compañera suya, Mari Paz García Pelayo. Hace sólo cuatro días, el Rey abría la reu-nión extraordinaria del Consejo de Ministros en el monasterio de la Rábida, en Huelva, con un emotivo recuerdo al ex ministro de Asuntos Exteriores. Don Juan Carlos le calificó de "ministro ejemplar, infatigable valedor de los intereses de España y clarividente intérprete del Gobierno en el desarrollo de nuestra política exterior".

Un elogio rubricado ayer por decenas de personalidades del más variado espectro político y representatividad social, y que sólo tiene un precedente cercano en el fallecimiento del alcalde socialista de Madrid, Enrique Tierno Galván. La más importante organización empresarial, la CEOE; los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO; la Confederación de Asociaciones de Vecinos, además del Gobierno de la nación, varios presidentes autonómicos y los principales partidos políticos, de izquierda, centro y derecha, ensalzaron públicamente la valía, honestidad y dedicación de Fernández Ordóñez. Una pérdida "no por esperada menos dolorosa", en expresión del vicepresidente Narcís Serra. Sólo un año después de asumir la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores, Fernández Ordóñez era citado en algunas encuestas como el ministro más popular del Gobierno.

La capilla ardiente con sus restos instalada en el palacio de San Cruz fue un continuo trasiego de personalidades desde que quedó abierta a las 16.30.

Felipe González llegó al palacio de Santa Cruz, a las 20.00 horas, y entró a dar el pésame a la esposa y a la madre del fallecido. Poco después llegó la esposa del presidente, Carmen Romero. Tras permanecer en la capilla ardiente durante una hora y 45 minutos, Felipe González salió del ministerio con gesto compungido. "Siento que pierdo un amigo", dijo. "Era una gran personalidad pero más que nada pierdo un amigo. Era alguien a quien quería entrafiablemente". Acto seguido, el presidente abandonó el lugar acompañado de su esposa, el vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, el ministro de Asuntos Exteriores, Javier Solana, y la ministra de Asuntos Sociales, Matilde Fernández.

La capilla ardiente, que fue visitada durante toda la tarde por cientos de personas que querían rendir un último tributo al querido ex ministro, quedó cerrada al público a las 20.00 horas.

Por deseo de la familia, al domicilio privado en Puerta de Hierro tan sólo acudieron por la mafiana los familiares más cercanos, entre ellos la madre, los hermanos y algunos amigos y colaboradores muy estrechos del ex ministro.

Cuando en la tarde del jueves Fernández Ordóñez entró en coma, el presidente del Gobierno abandonó su residencia veraniega en el Coto de Doñana (Huelva) y regresó a Madrid. Poco después de las 9.30 de ayer acudió al domicilio de Ordóñez, donde permaneció hasta un instante antes de que se hiciera pública la noticia del fallecimiento.

Pero en la tarde del pasado jueves su ya delicado estado empeoró, y entró en coma irreversible, según su médico particular, Carlos Sariz. Aliviado con sedantes, pasó la noche, hasta que a las 10.45 de la mañana de ayer fue anunciada su muerte.

Poco antes de que el féretro, envuelto en la bandera española, saliera de su domicilio hacia la capilla ardiente, Javier Solana resumía con sus palabras su sentimiento y el del Gobierno: "El enorme pesar de haber perdido un gran amigo. y de que España ha perdido un gran político, una persona extraordinaria, un gran estadista que ha contribuido de forma extraordinaria a la sociedad que tenemos en este país. Como amigo y compañero, un gran pesar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 1992

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