Murguialday logra la Victoria mas importante de su vi a y mantiene el protagonismo español

Un veterano del pelotón español, Javier Murguialday, remató ayer una jornada que no olvidará mientras viva. Podrá contarle a sus nietos lo duro que fue para él ganar una etapa del Tour. Para intentarlo en el Tour tuvo que aventurarse a una escapada de unos 230 kilómetros. A sus espaldas, el Tour volvió a librar una batalla en toda regla con resultados pírricos: 15 segundos sobre sus rivales obtuvieron Induráin, Bugno, Chiapucci y Mottet. Bugno, además, restó otros 10 en bonificaciones. Un desconocido, el francés Virenque es el nuevo líder, al perder mucho tiempo Alex Zülle, el suizo del ONCE.

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Murguialday mantuvo el protagonismo español que está teniendo este Tour. Si Induráin ganó en la etapa prólogo y el suizo Zülle, del ONCE, se colocó el jersey amarillo el pasado domingo, ayer, en una jornada que no se vio afectada por la huelga de los camioneros franceses, le tocó a un modesto corredor del Amaya.Javier Mínguez, director del equipo Seguros Amaya, es un raro especialista en obtener agua de las piedras. Ha sacado partido de corredores que parecían destinados a pasar por el pelotón sin pena ni gloria (el caso más sobresaliente fue el de Álvaro Pino, el más reciente el de Jesús Montoya, líder durante buena parte de la última Vuelta a España), pero le ha fallado la fortuna cuando nadaba en la abundancia. Curioso caso el suyo: le va mejor en la escasez que en la riqueza. Sin embargo, mucha desgracia le tiene que caer encima para que se vaya de vacío de una gran prueba.

No podía ser menos en este Tour, y ahí queda el triunfo de ayer de Murguialday. El pelotón se despertó perezoso. Era el momento de intentarlo, una decisión que está en poder de muchos directores. Falta buscar el hombre adecuado y enviarle la orden correspondiente. Murguialday, Virenque y Rezze llegaron a obtener 22 minutos de ventaja, margen suficiente para superar -la ascensión al Marie Blanque, el primer puerto serio del Tour, y resistir la embestida final de los favoritos.

Duelo en el Marie Blanque

Los mejores se citaron a duelo en el Marie Blanque, un marco previsible a la vista de lo sucedido en el Jaizkibel 24 horas antes. Los cinco kilómetros de ascensión al primer puerto de primera categoría del Tour, al único testigo montañoso serio de los Pirineos en la presente edición, iban precedidos de 200 kilómetros de duro recorrido. A 40 kilómetros esperaba la meta. Era lo que se denomina un punto estratégico. Los grandes se vieron las caras y surgieron las hostilidades.

Los movimientos de aproximación, al Marie Blanque estuvieron protagonizados por hombres del Z (Boyer y Duelos Lasalle) y gregarios del Gatorade (Cabestany, Rondón y Tebaldl). No era difícil suponer que tales acciones respondieran al deseo expreso de LeMond por un lado y Bugno por el otro. Induráin se limitó a mantenerse colocado al igual que muchos otros. Curiosamente, no hubo un protagonista que desencadenara el ataque decisivo.

A ritmo., unos se fueron rezagando mientras otros se quedaron solos. La secuencia dejó en cabeza a los cuatro primeros del pasado Tour, toda una casualidad. Miguel Induráin, Glanni Bugno, Claudio Chiapucci y Charly Mottet adquirieron ventaja mientras sus competidores sufrían desigual suerte. Roche, Leblane y Fignon resistían más o menos bien, Delgado quedaba algo más retrasado y mayores dificultades presentaban Breukink y LeMond. Los mismos hombres, con ligerísimos cambios, que el día anterior en el Jaizkibel.

El descenso puso a todos cara a la meta. Induráin y compañía tuvieron tiempo para decidir si convenía apretar a fondo o corrían el riesgo de hacer un desgaste poco provechoso. La trascendencia de la jornada fue descendiendo conforme se acercaron a la meta. Las ventajas de Induráin y sus acompañantes con respecto a sus rivales estuvieron entre el minuto y los dos minutos, margen este último en el que se movió LeMond durante un largo trecho. Pero los presuntamente damnificados se reagruparon a unos 20 kilómetros de la meta y consiguieron que la diferencia final fuera pequeña.

El ascenso al Marie Blanque no ponía en cuestión el futuro del Tour, pero sí podía servir para empezar a poner tierra de por medio. A la vista de la experiencia, las primeras batallas no marcan el signo de la guerra, sino simplemente qué corredores han comenzado en mejor estado de forma. Si es evidente que Induráin, Bugno y Chiapucci están en perfecta forma, no sería lógico concluir que los otros favoritos no puedan estarlo una semana después. No sería la primera vez que el ganador final sea un hombre que no estuvo brillante en la primera escaramuza.

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