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110 coches 'toman' el centro en una gincana organizada por nueve bares

Ciento diez coches salieron el jueves por la noche de nueve bares y, durante dos horas, recorrieron el centro en busca de negros para una foto; de un falso pobre en Sol; unas bragas rojas, o del año, usando un teléfono portátil, en que se inventó la telefonía. Para conseguirlo, algunos se proveían de cervezas y otros llevaban vasos al coche. No hubo accidentes a pesar de la velocidad y de las poco ortodoxas maniobras. Los participantes acabaron en la discoteca Pachá ordeñando cabras.

María lleva falda vaporosa y sombrero de paja. Su amigo, boina, bastón y chaleco. "Los granjeros en España son así, ¿no?", se explica. Otra pareja completa el equipo de la gincana, que ha de llevar un granjero y una granjera. Son las diez de la noche del jueves y se toman un combinado en Lista 5, en el barrio de Salamanca. Pulula gente trajeadaon el vaso en la mano. Hoy es el gran día, el de la gincana organizada por las tiendas de ropa Fumarel. "Lo hemos hecho para combatir la crisis", dice Gabriel Narváez, uno de los socios; "hay que ser originales". Contaparon con nueve bares -"especiales, donde no se mezclase la gente"-, se pusieron de acuerdo con Pachá y les patrocinó una marca de whisky. Los corredores se inscribieron en su bar favorito, a razón de 10.000 pesetas por coche. Premio máximo, 50.000 pesetas y ropa de la tienda. Y una botella de whisky a los 75 primeros.

A las once, un chico reparte unos sobres marrones y los cuatro equipos del bar salen zumbando. María, que trabaja en publicidad, y sus amigos arrancan su potente descapotable hacia un restaurante chino cerca de Ríos Rosas. La otra chica saca su teléfono móvil y grita: "Oye, que me tienes que buscar en qué ano se inventó el teléfono. Míralo en una enciclopedia".

El grupo se hace la foto con un camarero chino (se podía elegir entre un chino y un negro) y salta al coche. En dos horas tienen que abrir candados en la Puerta de Alcalá, contar los radios de la rueda de la carroza de la Cibeles y buscar unas bragas rojas. Así, hasta 20 recados. Es imposible seguirles. En Sol deben buscar al pobre de la gincana para darle 20 duros. El pobre es fácilmente identificable porque parece que no lo ha sido nunca: lleva un pañuelo de albañil en la cabeza, una chaqueta cara mal abrochada y un par de tiznes en la cara. Llega un equipo, ellas chillan y bailan unas sevillanas por orden del pobre, ante el asombro de los pobres auténticos y de los magrebíes habituales. "Madrid está loco, para que la gente coja el coche un jueves y hagan esto. Va a haber hostias. No sabes los giros que han hecho aquí en Sol", dice el pobre,

Varios grupos más llegan a un bar que sirve tortillas por teléfono, tragan un pincho, gritan un pareado y piden cerveza.

Prueba intelectual

A la una llegan a Pachá con algún chirrido de neumáticos. Tienen que entregarlo todo e ir a Rubén Darío a por la invitación a la copa, la última prueba. "La policía, haciendo campañas antialcohol, y estos pijos van así", comenta una chica.En Pachá llueven las invitaciones a whisky, y la pista se llena de azadones, sombreros de paja e incluso pollos crudos portados por dueños de tiendas de ropa o estudiantes de Derecho. Un granjero tripudo está eufórico. "Nos ha perseguido la poli. Nos preguntaron ¿pero es que hay un rally? Les contestamos que era una prueba intelectual". La final se dirime con el ordefle de tres cabras -"oye, cómo huelen", observaba una chica- en el escenario, animados por dos enanos contratados. No les sacaron ni una gota.

Otro chico va de granjera mofletuda a base de rouge. Su equipo ha hecho las 20 pruebas. Incluso les sobró tiempo. "Confieso. que me he saltado un par de semáforos", dice. Su aliento huele a alcohol. ¿Y el negro? "Lo llevamos de las orejas".

Teoría y práctica

Los organizadores de la gincana del jueves advertían por escrito a los 150 potenciales participantes que debían respetar las normas de circulación, que había tiempo suficiente, que las pruebas eran sobre todo de habilidad. Incluso amenazaban con la descalificación. Ahí estaba la teoría. La práctica, en pos del premio final, fue otra cosa.

Aparte de lo confesado por los conductores, este periódico vio a un equipo girar en redondo en la calle de Fuencarral, a otro invadir el carril bus en la calle de Alcalá circulando sin luces a toda velocidad, a uno más hacer tambalearse a un motorista por girar sin indicarlo, a dos saltarse un par de semáforos en la Castellana. Otro hizo lo propio en la plaza de los Sagrados Corazones y giró indebidamente en el paseo de La Habana. Todos iban deprisa.

"Los organizadores no necesitan pedir permiso. Lo tendrían que comunicar si los coches salieran en caravana desde un sitio y necesitasen que se cortara el tráfico en algunos puntos", informaron fuentes de la Policía Municipal y el Cuerpo Nacional de Policía. "Eso no quiere decir que si cometen infracciones no se les insulte". Los corredores no fueron pescados por la policía para hacerles un control de alcoholemia. "Aunque pueden haberles multado si les vieron conducir temerariamente", dice la policía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 1992

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