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Induráin volvió a sumar segundos en la primera etapa de los Dolomitas

Corvara Alta Badía

Seis veces atacaron a Induráin en el último puerto. La misma respuesta hallaron sus rivales en breves segundos, la omnipresencia del líder a sus espaldas. La cuenta atrás agoniza para Chiapucci y el pelotón italiano. Cada día aumenta la diferencia según dosis diferentes, diríase que caprichosas: cuatro segundos perdió Chiapucci, ocho Giovanetti, 17 Chioccioli y 42 Hampsten. Hoy el Giro atraviesa por dos veces el duro Monte Bondone. Las oportunidades acosan a los perseguidores de la maglia rosa: si Induráin acaba intacto la segunda semana, será intocable en el camino a Milán.

La resistencia del líder español ha puesto en funcionamiento viejos pero conocidos hábitos de la organización del Giro. Archisabido es que los italianos reservan para beneficio de sus figuras locales leves o sustanciales modificaciones del recorrido del Giro, según las necesidades. La novedad radica en que donde acostumbraba a desaparecer un puerto de montaña alumbra ahora una protuberancia geográfica. Es decir, antes se desviaban aquellos puertos que se le podían indigestar a Francesco Moser; ahora, se adjunta alguna montaña más para facilitar algún ataque de Chiapucci o Chioccioli, que tanto da. Así amaneció la etapa de ayer, con cuatro puertos donde estaban previstos tres. Ninguna importancia tuvo el detalle. Todo lo más, hacer más evidente el dominio del líder.

Mal tiempo y soledad

El mal tiempo y la soledad acompañaron a Induráin cuando se aprestaba a diligenciar la secuencia montañosa. A pesar de su origen norteño no es un corredor que guste del mal tiempo, circunstancia que debió preocuparle más que la ausencia de cualquier compañero del Banesto. Escoltado por todos sus rivales sin excepción, Induráin se aprestó a dar rienda suelta a la jornada procurando hacer los menores excesos posibles. Todo iba a depender del comportamiento de sus enemigos. El resultado final fue imprevisto: Induráin hizo tal demostración de prudencia que no pudo dejar de evidenciar su superioridad; es más, en el último kilómetro no pudo resistirse a una breve exhibición.La subida al Campolongo, el regalo de la organización para la escuadra azurra (seis kilómetros al 6%), redujo los acontecimientos a una escena bien simple: Induráin mantenía una actitud prudente pero atenta, a la espera de que sus rivales fueran intentando atacarle. No trataba el líder de imponer su autoridad de una forma activa, impidiendo todo movimiento. Todo lo contrario, miraba hacia atrás continuamente para repasar el número de compañeros de viaje y parecía ir ofreciendo turnos para el ataque. Comenzó Giovanetti, le siguió Chiapucci. Repitió Giovanetti, al que sucedió por dos veces Chioccioli. Solamente Hampsten se abstuvo de intervenir y esa pasividad se demostró incapacidad en los últimos kilómetros, cuando llegó discretamente descolgado.

Induráin no frustró ningún ataque, pero cada atacante tuvo oportunidad de conocer la frustración. La táctica del español es claramente defensiva pero con un leve matiz: su respuesta es casi inmediata. Ninguno de sus rivales ha logrado, hasta el momento, desprenderle de su rueda. Resuelto sin éxito la ascensión al Campolongo, Chiapucci intentó una maniobra extrema. Apuró su velocidad en el descenso tratando de provocar al líder. O rebasaba Induráin los límites de la prudencia y se involucraba en una acción arriesgada o permitía la escapada del italiano. A Chiapucci le acompañó Giovanetti mientras Induráin optó por no aventurarse a una caída. Chiapucci quiso tentarle a un grave desafío, pero se encontró con una sorpresa: la sombra de Induráin se le adelantaba unos metros antes de alcanzar la línea de meta.

Bonificaciones

Induráin se llevó la mejor parte del reparto de bonificaciones; por delante había llegado tres segundos antes el modesto Vona, que vio así premiado su esfuerzo durante muchos kilómetros de escapada. El líder había tomado todo tipo de precauciones ante el terreno resbaladizo y un par de curvas peligrosas, pero demostró unas facultades excepcionales en cuanto atisbó una recta; la distancia que le habían tomado Chiapucci y Giovanetti se empequeneció en breves segundos. Induráin era una locomotora."Mi obligación es estar ahí", dijo Induráin. "No es mi propósito hacer exhibiciones, ni atacar. Son ellos los que tienen que hacerlo y así es como puedo ir mejor". Unas horas antes, en la línea de salida, José Miguel Echávarri, el director de Banesto, mostraba su satisfacción: "Hasta el momento, Induráin no ha dado una pedalada de más".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 1992

Más información

  • El líder terminó en segunda posición, por detrás del italiano Vona