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Crítica:CINE

Un incesto a la manera irlandesa

El novelista irlandés Neil Jordan debuta como director de cine con muy buen pie con la trilogía integrada por Danny Boy (1982), En compañía de lobos (1984) y Mona Lisa (1986). El éxito de esta última le lleva inevitablemente a seguir su carrera en Estados Unidos. Allí rueda dos encargos sin interés, El hotel de los fantasmas (1988) Y Nunca fuimos ángeles (1989). Y, cuando se le creía definitivamente perdido en el anonimato de las producciones de encargo norteamericanas, se da cuenta de su gran error y vuelve a su tierra natal para rodar, con bajos presupuestos, historias propias que conoce bien.Así nace Amor a una extraña, su penúltima producción. Una historia intimista que se desarrolla en una ciudad de verano de la costa irlandesa cercana a Dublín, y está protagonizada por una pareja de quinceañeros que se aburre y se dedica a imaginar historias sobre la gente que les rodea. Y, poco a poco, van siendo atrapados por sus propias redes.

Amor a una extraña

Director y guionista: Neil Jordan. Fotografía: Philippe Rousselot. Unido, 1990.Intérpretes: Niall Byrne, Beverly D'Angelo, Lorraine Pilkington, Donald McCann. Estreno en Madrid: cines Roxy A, Novedades y Renoir (versión original).

Este es el lado bueno de Amor a una extraña, unido a la presencia de dos nuevos y prometedores actores, Niall Byrne, como el tortuoso músico JimIny, y Lorraine Pilkington, como la despreocupada Rose. En la película más cosas, pero a pesar de girar en torno a éstas, no acaban de encontrar su sitio en el conjunto por concedérseles una importancia que no debían tener.

Si Neil Jordan se hubiese atrevido a mantener la narración desde el punto de vista de sus atractivos adolescentes, el resultado habría sido una gran película, pero no ha querido o no ha podido. Y lo ha entremezclado con el del padre de él y con el de la extraña a que al de el título, hasta el extremo de trivializar el relato que tenía entre manos.

De esta forma, al igual que la peculiar relación sentimental entre la rubia Rose y el muchacho que trabaja en el circo funciona a la perfección, la del pelirrojo Jimmy y la cantante y actriz resulta demasiado elaborada por aglutinar tres puntos de vista diferentes. Mientras, personajes puramente tangenciales son perfectos y dan el tono exacto de lo que Jordan trata de encontrar. El misterio de la historia se conoce demasiado pronto y de forma lateral, y no al tiempo que el protagonista y a través de él, como hubiese sido lo lógico. Y sobran los sueños que jalonan el relato, en especial los que tiene el padre.Amor a una extraña es una atractiva obra menor. Se perciben en ella algunos defectos de construcción y armazón de la película, pero supone la recuperación del prometedor cineasta irlandés para el cine británico. Lo que abre las más amplias espectativas ante su reciente y todavía inédita The soldiers wife (1992).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de junio de 1992

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