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RELIGIÓN

Católicos y ortodoxos intentan evitar la ruptura en Ginebra

Una delegación vaticana, dirigida por el cardenal Edward Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Ecuménico, se reunió ayer en Ginebra con el metropolitano de Smolensk, que actúa como representante exterior del patriarca de Moscú, Alexis II, en un esfuerzo por reorientar las relaciones entre las iglesias ortodoxa y católica, que ultimamente han estado en peligro de saldarse con una ruptura. El encuentro concluirá hoy con un comunicado conjunto si sus resultados fueran positivos, según se esperaba.La amenaza de suspensión total del diálogo fue pronunciada por el representante del patriarca ortodoxo durante el sínodo sobre la evangelización de Europa, celebrado en el Vaticano a finales del pasado año. Dicho representante fue el único de su Iglesia que participó en unas reuniones a las que habían sido invitados todos las cabezas de las congregaciones nacionales de esa confe sión cristiana.

El elenco de problemas denunciados en Roma con una cierta crudeza por el enviado de Bartolomeo I comenzaba con el afán proselitista demostrado por los católicos de rito oriental en territorios de la antigua URSS sobre todo en Ucrania y en Rusia. Tales conductas, indicó el representante, violan los acuerdos de no agresión suscritos por las dos iglesias en 1990 en Frisinga.

Pero los conflictos se han extendido también a la antigua Yugoslavia, donde el Vaticano ha apoyado abiertamente a los croatas, mayoritariamente católicos, y ha sostenido una imagen opresora de la Iglesia ortodoxa, que domina en Serbia. Esas tensiones quedaron parcialmente resueltas durante otro encuentro, celebrado también en Suiza a primeros de enero, cuando era ya inminente la desintegración deYugoslavia.

Grecia ha sido el último punto en el que el diálogo ecuménico con los ortodoxos se ha roto por razones precisas derivadas tambien de la crisis yugoslava. El apoyo indirecto del Vaticano a la Iglesia autónoma de la provincia ex yugoslava de Macedonia ha suscitado la ira del patriarca de Atenas, por la misma razón que los políticos griegos han reaccionado frente al Gobierno de Italia: una Macedonia independiente, que aspiraría a constituir un Estado con la región homónima transfronteriza griega, supone un riesgo tanto para la integridad territorial de Grecia como para la espiritual de su Iglesia.

La conferencia de los metropolitanos griegos pidió recientemente al Gobierno que rompiera relaciones con el Vaticano, y éste se negó. Pero luego ha apoyado el boicoteo ciudadano de los productos de Italia.

En vísperas de la reunión que hoy concluye en Ginebra, y que precede a la cumbre que celebrarán a mediados de marzo los representantes de las Iglesias ortodoxas europeas, los síntomas no eran de distensión.

Por un lado, Viaceslav Polosin, un sacerdote ortodoxo y diputado del Presidium del Soviet Supremo ruso, declaraba al semanario Familia Cristiana que Borís Yeltsin, el presidente ruso, no renovará la invitación que Mijaíl Gorbachov cursó al papa Wojtyla para que visite Rusia. La razón, añadía Polosin, es que Yeltsin ha tenido el apoyo del patriarcado de Moscu, "y ahora le ha llegado el momento de pagar la cuenta".

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