La fiesta de la venganza
Partidarios del V Centenario y detractores del sexto mandamiento (no fornicar) llenaban los salones del palacio de Gaviria, de Madrid, momentos después de que Els Joglars recibieran en el teatro Albéniz una larga ovación del público puesto en pie. El estreno de Yo tengo un tío en América había sido un éxito de carcajadas que incluso sacudieron a José Borrell, el más taciturno de los ministros del actual Gobierno. Borrell dijo: "Han conseguido hacerme olvidar las preocupaciones que tengo. ¡Me he reído y todo!".Pero la diversión no terminó en el escenario. Els Joglars, que estaban en vena para celebrar el 30º aniversario de su existencia artística, la trasladaron al palacio de la calle del Arenal, donde doncellas uniformadas con cofia y puntillaje sirvieron copas entre monitores con vídeos de su repertorio teatral y pinturas del Descubrimiento que venían como anillo al dedo. "La reina Isabel ofrece sus joyas a Colón" era la leyenda de un fresco en el techo, bajo el que, quizá sin advertirlo, se había instalado Albert Boadella.
Los dos metros de Bibí Andersen emergían con facilidad sobre la homogénea superficie de un centenar de invitados. Vestida de riguroso luto y escotada "que te cagas", como' dijo una jovencita apenas verla, Bibí anunció la entrega de seis premios a los mayores detractores de Els Joglars, misión en la que fue asistida por Paco Valladares.
Se atenuaron las luces y apareció, escoltado por la guardia suiza, el mismísirno pontífice Juan Pablo II, con una máscara de gran perfección, que recogió, bendiciendo, el trofeo en nombre de la Conferencia Episcopal Española, que tuvo siempre a Els Joglars a tiro de excomunión. Bibí Andersen tuvo la precaución de ponerse mantilla para obsequiar la tiara de oro al papa actor.
El Premio Millán Astray le fue concedido al general Coloma Gallegos, en reconocimiento al proceso que desató el montaje de la obra La torna. Lo retiró un disciplinado número de la Guardia Civil, tocado de tricornio y también un poco del ala, pues se trataba de un aborigen loco del manicomio americano colonizado por los psiquiatras. Era el mismo actor que había gritado en escena con desesperación tragicómica un "¡Viva la muerte!" seguido de un "¡Viva la mierda!" absolutamente memorables.
Jordi Pujol resultó galardonado por ser la musa de la compañía. Y el diario Abc, por su fidelidad persecutoria a Boadella y sus muchachos. Los mismos actores se autoadjudicaron el premio único e indivisible al Masoquismo, ya que gozan intensamente de la vara inquisitorial.
El Trofeo al Veto se anunció justamente merecido por el director de Actividades Culturales de la Expo, Alfonso Riera, que ha excluido la obra Yo tengo un tío en América de la programación oficial. Le fue entregada la nao Victoria hundida en una hermosa pecera.
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