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CARTAS AL DIRECTOR

'Dios' y la huelga general de Asturias

He visto a dios; lo juro. Fue el miércoles 23 de octubre. Bendita fecha. Estaba yo intentando echar una cabezadita; la televisión, encendida. De, repente, una presencia luminosa sustituyó a Pedro Piqueras y llenó las 21 pulgadas de la pantalla. Caí de rodillas y allí quedé, en postura de ascético recogimiento. Esperaba su dulce consuelo, pero cuando oí que hablaba sobre la huelga general en Asturias un desasosiego me invadió. Cuando dios no habla de Europa ni del nuevo orden mundial se pone de muy mal humor, se cabrea.La ira de dios cayó sobre nosotros con palabras justas y terribles. Mira que preocuparnos por los puestos de trabajo en Asturias. Mira que no confiar en él. ¿Acaso no ha cumplido siempre todas sus promesas? "Los propios trabajadores asturianos saben que tengo razón", transcribo de memoria, "saben que su capacidad para paralizar la actividad laboral no favorece un clima de reindustrialización".

"Claro", pensé, "si los trabajadores no son buenos y obedientes; si no refrenan sus diabólicos instintos sindicales; si no se solidarizan con los objetivos de los ricos, el capital no invertirá ni un duro cerca de ellos. ¡Cuánta razón! El orgullo de los trabajadores es el culpable de todos sus males". Ante tamaña revelación, me quedé toda la tarde arrodillado en penitencia por mis pecados, que, con ser muchos, no son tan mortales como los de los mineros asturianos, que siempre han sido unos rojos.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 1991