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CARTAS AL DIRECTOR

Pobres y ricos

Como trabajadora que he sido (ahora estoy parada) de una de las empresas de ayuda a domicilio de los ancianos, me dirijo a usted y a su periódico deseando ser lo más breve posible, pues conozco a fondo el problema de las empleadas de este sector -marginado totalmente por las propias empresas llamadas sin ánimo de lucro-, para manifestar lo siguiente:1. Nunca, en 10 años, quisieron negociar un convenio (nos mantuvieron sin conocernos entre nosotras).

2. Los despidos son muy frecuentes.

3. No renuevan contratos (son de tres meses, y después, a la calle). Las más afortunadas están seis meses más).

4. Horarios indiscriminados (nos hacen cumplir las ocho horas diarias de trabajo, pero a disposición durante toda la jornada; los servicios nunca son continuos).

5. Si hacemos alguna hora más, o no las abonan o tardan tres o cuatro meses en hacerlo.

6. Los servicios nocturnos, el Ayuntamiento los paga a más de 6.000 pesetas, pero los hacen las socias-propietarias de las empresas, nunca las propias trabajadoras, pues es una golosina para estos mandos.

7. Plus de locomoción insuficiente.

8. No existe plus de peligrosidad y toxicidad.

9. Falta de seguridad (andamos por la calle corriendo para que no se nos escapen los autobuses y llegar a tiempo al siguiente servicio).

10. Falta de higiene (los ancianos ensucian mucho y no se nos dota de todo lo necesario ni se nos hacen chequeos periódicos).

Estos 10 puntos de los más de 100 que podría decir son los más básicos.

La solución sería convertirnos a todas en socias de las empresas, o que el Ayuntamiento nos integrara como personal, laboral fijo dependiente de sus servicios sociales, pero, claro, un servicio que monta el propio Ayuntamiento hace 10 años y se lo da en bandeja a las asistentas sociales de carrera, ¿cómo se va a beneficiar a unas trabajadoras como nosotras? Lo de siempre: pobres y ricos, buenos y malos, arriba y abajo. No obstante, la lucha va a ser larga y los perjudicados serán los ancianos, y eso nos da mucha pena, pues aquí hay más vocación que interés, pero ya basta de ser primos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 1991