La corta historia del 'hombre de los hielos'

Los científicos lamentan que el mal trato a la momia del Tirol impida su estudio

Poco ha faltado para que el llamado hombre de los hielos, el cadáver momificado encontrado en un glaciar tirolés hace poco más de dos semanas, quedase para los restos. Varios científicos han denunciado que el escaso cuidado puesto en su conservación ha hecho que este testigo de la vida de hace 4.000 años se haya perdido prácticamente para su estudio. Tan sólo los visitantes del museo donde quede albergado este antiquísimo cadáver podrán aprovechar el descubrimiento de una pareja de alpinistas alemanes, aunque sólo para mirarlo.En cuanto fue encontrado, con los ojos secos mirando al cielo, los dientes apretados y su piel transformada en cuero de color café, el hombre de Similaun -nombre oficial que ha recibido el cazador, que vivió en el Tirol 2.000 años antes de Cristo- se convirtió en objeto de curiosidad para los lugareños, que lo tocaban y lo sacudían con bastones.

El extraordinario estado de conservación de este mensajero de la historia causó impacto internacional entre los científicos, que llegaron desde todas partes del mundo al Instituto de Medicina Legal de la ciudad de Innsbruck, donde se guarda a este "muerto de extraordinario rango", según el director de este centro, Rainer Henn.

El cadáver, el séptimo encontrado en los glaciares tiroleses en lo que va de año, recibió el número 619/91. Sin disimular su orgullo, Henn mostró ante las cámaras de televisión al hombre de Similaun ya descongelado, siguiendo el ritual burocrático, en este caso inútil, para establecer la identidad y la causa de la muerte, como cualquier otro cadáver ingresado para realizar la autopsia.

Cuatro mil años en el hielo y de pronto a 27 grados, rodeado de cámaras de televisión, flases, luces y periodistas que lo tocaban para sentir la textura de su piel. Uno de los reporteros descubrió que la momia tenía hongos en todo el cuerpo, que fueron eliminados posteriormente con un fungicida normal, "que destruyó todos los restos biológicos-humanos que podían ser investigados", como critica el biólogo Eike Winkler.

Los médicos devolvieron al cliente del congelador a seis grados bajo cero, cuando es de conocimiento popular que todo lo que ha sido descongelado pierde innumerables propiedades si es devuelto de nuevo al frío, como en el caso de los alimentos, que se consumen o se tiran. Este tratamiento representó para la momia una "destrucción sistemática", dice Winkler, que califica a los médicos de aficionados", y asegura que "han sobrepasado sus competencias legales".

La cadena de maltratos al hombre de los hielos comenzó cuando, entre el conocimiento del hallazgo y su traslado a Innsbruck, pasaron 14 días. El cadáver careció en principio de vigilancia, por lo que es posible que fuera visitado por cazadores de souvenirs, desapareciendo así varios objetos que lo acompañaban, cuyo valor científico era incalculable y que ahora están perdidos para siempre. La arqueóloga del museo de Tiro, Licelotte Zemmer-Plank, reconoció que en el levantamiento del cadáver "se podían haber utilizado mejores métodos".

El homo tirolensis había escalado 3.200 metros de altura para llegar a esa montaña, seguramente en una batida de caza, y 4.000 años después regresó al valle, envuelto en polietileno y encerrado en un sarcófago de madera corriente, en el estómago de un helicóptero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 09 de octubre de 1991.

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