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CARTAS AL DIRECTOR

El ascenso de un gran hombre

Efectivamente, más envejecido y con el pelo cano; no obstante, su fuerza mítica sigue siendo arrolladora para aquellos que hemos seguido su trayectoria durante algunos años. Sin embargo, Kirk Douglas es algo más que un excelente actor. Es pura energía vital para los miembros de su pueblo; el reflejo mismo de la persistencia y de la continuidad, como ha mostrado en El hijo del trapero.

Su voz no ha cambiado de tono; sus palabras son distintas, mas el curso de su trayectoria continúa siendo afín a su circunstancia; su réplica es continua, y su presencia, inalterable. Enigmático y asombroso. En fin, el nuevo representante simbólico de un antiguo lenguaje social.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 1991