GENTE

Robert Englund

El terrorífico Freddy, de paseo por Sitges

Tiene el rostro franco, el aire solícito de quien quiere agradar, una alopecia acechante. Su mano, atenta, firma autógrafos a una fila de temblorosos adolescentes con la misma elegancia con que, en la ficción y escondida en el letal guante de afiladas cuchillas, secciona, rasga, saja carnes en flor. Robert Englund, in arte Freddy Krueger, el responsable de tantos insomnios, está estos días en Sitges para hablar de lo que le gusta: del cine fantástico, de su personaje Freddy y de sus proyectos

Englund ronda la cuarentena y confiesa que a pesar de las apariencias, no debe su fama al hipermalvado que catapultara la serie Pesadilla en Elm Street hacia sus cinco continuaciones más 44 capítulos televisivos. Cuando en 1985 protagonizó la primera entrega, que dirigiera West Craven, y que él considera la mejor, estaba muy lejos de imaginar la resonancia que adquiriría su personaje. "Yo era ya entonces un actor conocido, gozaba de popularidad y llevaba varios años trabajando en telefilmes, algunos tan difundidos como V, en el que hacía el papel de un lagarto bueno. Eso evitó que me encasillaran en un tipo de papel determinado".

Pero como al resto del equipo de la película, el éxito fulminante le cogió desprevenido. "Creo que la clave para entender la magnitud del fenómeno Freddy está en su carácter: es una especie de villano simbólico, que reúne en sí todas las maldades del mundo, y una en particular: la incertidumbre que sienten los adolescentes, sus principales víctimas, frente al futuro. Y además, al tratarse de un personaje onírico y con sentido del humor, le permite al espectador establecer distancias. Al fin y al cabo, ningún niño suspira por ser un asesino".

Englund trabaja ahora en la sexta entrega cinematográfica de las andanzas de Freddy, dirigida por Rachel Talele, un guión que el propio interesado conceptúa como el más imaginativo hasta la fecha y cuya dirección ha asumido Rachel Talele.

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