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EXPULSIONES DE INMIGRANTES ILEGALES

Los españoles se muestran más sensibles que el Gobierno con el inmigrante extranjero

Más de la mitad de los españoles es partidaria de que los inmigrantes ilegales puedan arreglar su situación para permanecer en el país, y el mismo porcentaje considera que España debe acoger a cualquier persona que solicite refugio político, al margen de su nacionalidad. Estos datos, que se desprenden de seis preguntas incluidas en la Encuesta General de Población realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en octubre de 1989, hacen pensar a algunos profesionales relacionados con los problemas de los inmigrantes que la opinión pública es más receptiva hacia los extranjeros que la política del Gobierno.

Las seis preguntas, dentro de un cuestionario de 76, fueron solicitadas por el Colectivo IOÉ (voz, grito, en Griego), equipo de investigaciones sociológicas autor del único estudio global que hay en España sobre la inmigración.De las respuestas se desprende que un 51% de los encuestados (un 66% si se excluye a los indecisos) piensa que se debería regular la situación de los inmigrantes que residen ilegalmente en España, frente a un 26% que se muestra partidario de devolverlos a sus país de origen. Extremadura y La Rioja son las dos únicas comunidades autónomas donde los partidarios de expulsar a los inmigrantes superan a los que prefieren su legalización.

Con respecto al trato que los extranjeros deberían recibir, casi un 70% (90% sin los indecisos) considera que los latinoamericanos deben ser tratados igual que los ciudadanos europeos que residen en nuestro país. El porcentaje se reduce cuando se trata de personas de países árabes y africanos (60%, 80% sin indecisos).

Pese a este aspecto aperturista, un 67% de los encuestados se mostró partidario de que el Estado español tome medidas para limitar la entrada de emigrantes (en la pregunta se especificaba que se trataba de emigrantes en busca de trabajo).

En un test multirrespuesta, en el que se pide al entrevistado que asocie una serie de características (positivas y negativas) a tres grupos de inmigrantes (latinoamericanos, árabes y africanos), los rasgos predominantes que, por su orden, los españoles adjudican a los latinoamericanos son los de trabajadores, prácticos y atrasados; a los árabes, atrasados, inteligentes y vagos, y a los africanos, atrasados y trabajadores.

Si a estos datos se unen otros, como la encuesta del CIS de 1988, sobre el grado de tolerancia de los españoles, en la que un 74% de los encuestados declaraba que los inmigrantes extranjeros no eran un "grupo molesto", puede deducirse que la sociedad española se muestra, en principio, receptiva a la presencia de inmigrantes.

Esta opinión es compartida, por algunos profesionales que trabajan con este colectivo. "Hay un nivel primario de actitud solidaria, de tipo afectivo, constatada con otras estadísticas", afirma. Carlos Pereda, uno de los directores técnicos del colectivo IOÉ, "y hay otro nivel, el de la opinión pública, que se cultiva con los argumentos de la Administración, que fomentan las actitudes xenófobas ante las presiones de la Comunidad Europea, que impide llevar una política de fronteras propia".

Antonio Martínez Rodrigo, delegado diocesano de inmigrantes, en Madrid, comparte esta opinión: "El pueblo español presenta cierta sensibilidad con respecto al problema de los inmigrantes. La clandestinidad en la que muchos viven es un problema legal, no social. Por eso nos preocupa mucho que pueda haber brotes de racismo a base de una situación de injusticia, de un rechazo institucional", afirma. "En España no hay racismo, pero en la medida en que vayan presentando la cuestión como un enfrentamiento de intereses, el peligro de que surja será mayor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 1990

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