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Editorial:

El doble lenguaje

LA INAUGURACIÓN, ayer tarde, del estadio Olímpico de Barcelona y del Campeonato del Mundo de Atletismo, en una ceremonia sobria pero digna, tuvo unos contrapuntos deslucidos en la lluvia, en los silbatos de los grupos independentistas y en la actuación de Televisión Española, que tapó las vergüenzas de los primeros minutos inaugurales con un vídeo histórico en color sepia, que contrasta con la TVE de UCD, cuyas cámaras aguantaron impertérritas el boicoteo al Rey en el acto de la Casa de Juntas de Gernika.Cosas como ésas, lamentables, ocurren en una sociedad democrática. Lo que no sucede tan frecuentemente es que el presidente de una institución como la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, ocupe plaza en el palco presidencial mientras los jóvenes de su partido, junto a los silbantes de la Crida, están boicoteando activamente el acto, el himno nacional, el discurso del alcalde Pasqual Maragall y la frase inaugural del Rey. El boicoteo de ayer fue una manifestación de desprecio a la mayoría de catalanes y un monumento al doble lenguaje del nacionalismo conservador: un nacionalismo que se presenta con voluntad constructiva en las instituciones del Estado y en el palco, y que, al mismo tiempo, azuza a sus bases radicales a que boicoteen en la grada los símbolos de ese mismo Estado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 1989