Apoyo condicionado de los intelectuales a Gorbachov

, Los líderes de un destacado grupo de intelectuales soviéticos de orientación radical democrática proclamaron ayer su apoyo condicionado al presidente Mijail Gorbachov en su combate por la apertura en la vida política de la URSS. El líder soviético se halla sometido estos días en el Congreso de los Diputados a una contraofensiva de las fuerzas conservadoras, que bloquean las medidas democratizadoras.

Durante unas horas los debates del naciente parlamentarismo soviético se trasladaron a los salones del hotel Oktiábriskaya de Moscú, donde las publicaciones occidentales EL PAÍS, The Independent, Suddéutsche Zeitung, La Repubblica, Le Nouvel Observateur y el semanario Novedades de Moscú organizaban un debate de dos días sobre el futuro de la perestroika.La delegación de EL PAÍS estaba presidida por Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa, quien moderó la sesión de ayer tarde dedicada a debatir los problemas económicos de la URS S. El seminario se había iniciado por la mañana con el tratamiento de la perestroika como cuestión política.

El historiador Yuri Afanasiev, elegido diputado el 26 de marzo en las primeras elecciones relativamente libres celebradas desde 1918 en la Unión Soviética, afirmó que había fracasado el tipo de socialismo implantado por la revolución bolchevique. El líder radical dijo en el foro periodístico de Moscú que había que apoyar a Gorbachov porque cualquier alternativa sería peor. Tras afirmar que la actual fase de la perestroika estaba agotada, Afanasiev consideró, sin embargo, que en la Unión Soviética se había producido un cierto tipo de desarrollo socialista, por lo que la transición que representaba el actual movimiento democrático sería "de un tipo de socialismo a otro". Las características de éste último no fueron determinadas.

'Perestroika' estancada

Anteriormente, el también historiador Leonid Batkin había coincidido con Afanasiev en dar por estancada laperestroika, lo que se evidenciaba en los propios debates del Congreso donde los diputados reformistas chocaban con "un muro infranqueable", que era la hegemonía de la partitocracia, por otro nombre el partido comunista. La situación ahora era distinta, según Batkin, a cualquier momento anterior porque "el pueblo había perdido el miedo del Báltico a los confines de Asia"; y el vacío creado por la superación del miedo había dado paso a un malestar generalizado "al que había que dar cuanto antes una expresión parlamentaria". La consecuencia de todo ello era una grave caída del prestigio de Gorbachov, que había perdido la posición centrista mantenida desde su elección en 1985 entre "las pretensiones del aparato y las exigencias del pueblo". La ofensiva de las fuerzas conservadoras, desatada tras la victoria de los reformistas en los comicios de marzo pasado, tenía bloqueada la reforma, y no permitía mas que "darle a Gorbachov una última oportunidad" para salvar la perestroika. La vehemencia de las intervenciones iba en aumento, y unos soviéticos corroboraban o completaban los parlamentos de otros, dejando en un comprensible segundo plano a la concurrencia occi dental. Así, la jurista Nina Biela yeva se permitió discrepar de los anteriores, al afirmar que la perestroika gozaba de perfecta sa lud porque consistía en la recuperación de la participación del pueblo en el debate político. La prueba de ello era la exigencia popular de la devolución de todo el poder a los soviets, perdido en favor de la hegemonía del parti do en 1920. Bielayeva admitía que la perestroika fue un movi miento inicialmente dirigido des de arriba.

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