Cartas al director

Toros y boxeo

Es sabido que EL PAÍS no proporciona información sobre actividades boxísticas, en oposición a dicha práctica deportiva. En numerosas ocasiones dicho diario ha manifestado los argumentos éticos que sustentan su postura; la última en su editorial del 28 de junio de 1988. El boxeo profesional expresa, en resumen, pone en peligro la vida y salud de quienes lo practican, y ningún espectáculo puede justificar un riesgo semejante. Por otro lado, el boxeo es una evidente exaltación de la violencia, que busca sus actores de entre las capas sociales más deprimidas.Hay en estos criterios, a nuestro enten...

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Es sabido que EL PAÍS no proporciona información sobre actividades boxísticas, en oposición a dicha práctica deportiva. En numerosas ocasiones dicho diario ha manifestado los argumentos éticos que sustentan su postura; la última en su editorial del 28 de junio de 1988. El boxeo profesional expresa, en resumen, pone en peligro la vida y salud de quienes lo practican, y ningún espectáculo puede justificar un riesgo semejante. Por otro lado, el boxeo es una evidente exaltación de la violencia, que busca sus actores de entre las capas sociales más deprimidas.Hay en estos criterios, a nuestro entender, un magnífico punto de vista ético que suscribimos plenamente. Pero lo que no hay es coherencia. Porque El PAÍS que elude mostrar la brutalidad del boxeo, se vuelca en amplios. despliegues informativos acerca del mundo del toreo. ¿Y no es cierto que la lidia es un espectáculo cuyo desarrollo pone en peligro la vida y lasalud de quienes en él participan (gente cuya procedencia suele estar en las capas sociales más deprimidas)?

¿Y no es también cierto que el aguijoneo, tortura y muerte de un animal supone exaltación de la violencia? Hay matices, por supuesto: la tradición, ritual y cultura del toreo..., pero resulta lógico pensar que el triste espectáculo de la lucha a golpes entre dos hombres tenga tanta o más tradición que el enfrentamiento sangriento entre hombre y toro.

Otro matiz se encontraría en el arte inherente a la lidia..., pero lamentablemente el término arte es relativo y extenso. Hay quien ve arte en el toreo, hay quien ve arte en el pugilismo. En cualquier caso, y como dijo en cierta ocasión José Luis Coll, ninguna obra de arte, ni un capotazo como la catedral de Burgos, justifica la muerte de un ser humano. No son la tradición ni la estética matices que afecten a la ética.

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Así, EL PAÍS, por una mínima coherencia, debería denunciar tanto las retransmisiones televisivas de combates de boxeo como las frecuentes retransmisiones de corridas de toros. Y erradicar de sus páginas la información taurina, como ya lo ha hecho con la pugilística.

En caso contrario, quizá fuese lógico pensar que la cuestión no pasa de un puro subjetivismo arbitrario: a la dirección de EL PAIS le gustan los toros, pero no el boxeo- César Mallorquí y Tito López.

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