Pendientes del déficit comercial
El sector exterior atraviesa un 'miniboom' pese al desequilibrio actual
, Por su inusitado impacto en los mercados, que se muestran cada vez más nerviosos ante la publicación de los datos mensuales por el Departamento de Comercio, el déficit comercial se ha convertido en la principal amenaza de la economía norteamericana. Pero a pesar de los 171.000 millones de dólares acumulados en, 1987, el sector exportador estadounidense lleva varios meses en mitad de un miniboom, con las exportaciones aumentando a un ritmo anual del orden del 28%- en los dos primeros meses del año en curso. La cuestión es que las importaciones también aumentan.
David L. Lund, economista senior del Departamento de Comercio, está convencido de que los mercados mundiales "no saben leer bien nuestras estadísticas". En una conversación con este periódico, el mismo día en que Wall Street perdía 101 puntos en su índice Dow Jones tras conocerse el aumento del déficit comercial durante el mes de febrero, Lund aseguraba que "la tendencia del sector exterior es de franca mejoría y, sin que esto sea una estimación oficial, es muy probable que el déficit comercial quede reducido en 30.000 o 40.000 millones al final del presente ejercicio, pese a los sobresaltos que los datos mensuales puedan deparar".La relativización de las estadísticas comerciales norteamericanas es un hecho descontado por los economistas, pero ignorado por los mercados. Washington publica los datos del intercambio de mercancías sin ajustarlos a factores estacionales y, además de ser mensuales y no marcar en sí una tendencia, son sólo una primera estimación. A partir del mes de abril, sin embargo, Washington homologará sus estadísticas de comercio exterior a las del resto de los países de la OCDE, con lo que es previsible que, después del mes de junio, las cifras sean más fiables y el mercado tenga una mejor referencia en que basar sus juicios.
Mientras, hay un hecho innegable. Después de mediados del pasado año, el comercio exterior presenta una mínima aunque constante mejoría. La caída del dólar que comenzó en febrero de 1985 -más de un 50% frente al yen japonés y al marco alemania tenido su impacto en el desequilibrio comercial y, si los datos mensuales no reflejan aún lo que cabría esperar, puede deberse a otros factores.
"Es un problema de tiempo", asegura un alto funcionario de Washington. Dada la naturaleza específica del déficit y su concentración en un grupo muy particular de naciones (básicamente Japón y los cuatro asiáticos que conforman los nuevos países industrializados: Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong), bastaría una mínima modificación en la relación real de intercambio para que gran parte del desequilibrio desapareciera.
El secretario norteamericano del Tesoro, James Baker, ha utilizado el recurso del grupo de los siete países industrializados, e incluso del Fondo Monetario Internacional (FMI), para forzar a los países asiáticos a revaluar sus monedas y dificultar así el comercio hacia Estados Unidos. En su última declaración, el grupo de los siete hizo un llamamiento a este grupo de países para que procedieran a revaluar sus monedas, abrir sus mercados y estimular el consumo interno, muy en la línea de lo ya realizado con éxito por Japón.
Mayor obstáculo
Pero, además, la solución del problema exterior norteamericana exige un esfuerzo adicional. Se trata de reforzar, mediante una concentración de inversiones, la debilidad manifiesta del subsector industrial dedicado a la exportación. Las pocas empresas orientadas hacia al exterior que sobrevivieron a los años del superdólar funcionan en la actualidad a plena capacidad y sólo mediante un acompasado período de maduración de sus inversiones estarán listas para satisfacer la creciente demanda exterior. En ello se está.
Mientras tanto, un dato positivo es el hecho de que las exportaciones crecen a un ritmo más elevado que las importaciones. De continuar así, y todo apunta hacia ello, el problema del déficit se solucionará por sí solo. Esto es, al menos, lo que esperan los economistas oficiales de Washington, "ya que, en caso contrario, los efectos los pagaríamos entre todos", según la opinión de un analista del FMI.
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