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Tabaco

Después de un tiempo de meditación he decidido abandonar el tabaco. Nunca volveré a aspirar el aroma de un cigarrillo por la mañana a la hora del café, y en la alegre sobremesa, y en el crepúsculo de la ciudad junto a la copa con los amigos. He sido derrotado. Hasta ahora yo sólo fumaba por solidaridad con los pobres, los negros, las mujeres y los albañiles. Me he pasado al otro bando. Cuando ya no existen derechas ni izquierdas, hoy el tabaco se ha constituido en una de las claves para descifrar la ideología: la clase dominante no fuma, los explotados siguen apurando con avidez todas las colillas. Me he ido con los poderosos. A cambio de eso las encuestas me prometen que dentro de algunos años seré un viejo sonrosado, totalmente saludable, si antes no me aplasta un coche.Ésta es una elegía. Mientras quemo el último cigarrillo miro el final de siglo por la ventana y la mínima brasa eleva desde el cenicero el incienso hacia los pies de un dios desconocido. El humo ha sido un secreto aliado de mis ideas. Con él he sonado la juventud y también he tratado de envolver una madurez creativa, pero la cruzada de la dicha que con tanta crueldad predican los vendedores de salud me ha ganado. En el tabaco ya no encuentro estética al margen de la lucha social, aunque para despedirme de él he elegido una fiesta señalada. Con el solsticio de invierno emprende el sol su camino, y en la Epifanía manifiesta una luz nueva a los mortales, y el día de la Candelaria la naturaleza despierta. Las primeras gemas hacen nido en los árboles, las flores están prestas y los perros comienzan a inmiscuirse en las sombras. He escogido la fiesta de la Candelaria para quitarme esta maldita humareda de encima, pensando en que mi cuerpo no carezca de un significado de víctima. Echo a la hoguera del aire puro la carne que me queda. En adelante, las horas y los días me llenarán mis pulmones de olor a hierba y fuera quedarán los pobres, los negros, las mujeres y los albañiles defendiendo el último bastión de la justicia con un cigarrillo. Yo me voy con los finos.

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Sobre la firma

Manuel Vicent

Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

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