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REVISTA DE PRENSA

Experimento europeo

El acuerdo del 8 de diciembre, que aún debe ser sometido a la ratificación de un Senado americano extremadamente desconfiado, ¿abre el camino hacia esa paz que Gorbachov no ha dudado en prometer "a nuestros hijos, a nuestros nietos y a los hijos de nuestros nietos"? Ciertamente, no, porque por el momento sólo se trata de destruir un 3% o un 4% de las armas nucleares existentes.Sin embargo, Europa ha estado totalmente ausente de una negociación que ha concluido con su transformación en cobaya del acuerdo alcanzado por las superpotencias.

Si Estados Unidos y la Unión Soviética no quieren ser nunca más sospechosos de reservar su tentativa de desnuclearización al viejo continente, Gorbachov y Reagan deberían preocuparse no sólo de la reducción sustancial de sus arsenales estratégicos, sino del reequilibrio de las fuerzas convencionales estacionadas en Europa, así como de la destrucción de las armas químicas.

Si éste no fuera el caso, la Unión Soviética podría sentir la fuerte tentación de someter a Europa occidental, en el momento propicio, a operaciones desestabilizadoras.

Pero el presidente Reagan no es el único responsable de esta situación. No es preciso repetir por enésima vez la pusilanimidad de los europeos en todo este asunto. Incapaces de evaluar estas circunstancias, no han sabido hasta ahora más que gimotear sobre sus desgracias.

, 11 de diciembre

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1987