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Tribuna:

El polvorín de Kosovo

La minoría albanesa se ha convertido en el principal peligro de desestabilización en Yugoslavia

El centro urbano de Pristina, la capital de la provincia autónoma yugoslava de Kosovo, se puebla al atardecer de miles de niños y jóvenes. En grandes grupos se reúnen en la avenida del Mariscal Tito, conocida como El Corso. Son las nuevas generaciones de una minoría étnica, la albanesa, que crece a un ritmo de vértigo y se ha convertido ya en el mayor peligro de desestabilización del sistema plurinacional yugoslavo. El corresponsal de EL PAÍS en la Europa del Este ha visitado recientemente la provincia autónoma.

El pasado 3 de septiembre, el joven recluta albanés Aziz: Kelmedi, de 20 años, arremetió a tiros de ametralladora contra sus compañeros no albaneses de barracón en un cuartel de la ciudad serbia de Paracin. Ke1medi mató a cuatro soldados e hirió gravemente a otros seis, antes de suicidarse. La matanza de Paracin no sólo supuso una nueva escalada de odios y nacionalismos enfrentados; también fue alarmante síntoma de que las tensiones étnicas ya brotan incluso en el ejército yugoslavo, el elemento integrador por antonomasia en el Estado socialista federal.El nacionalismo albanés en Kosovo, que emerge de enemistades seculares entre este pueblo no eslavo y los serbios y es fomentado por la vecina Albania y por la miseria, es una bomba de relojería en los cimientos del Estado yugoslavo.

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La provincia autónoma de Kosovo, integrada en la República de Serbia, es el rincón más pobre de Yugoslavia, con unos ingresos medios mensuales que no llegan a las 10.000 pesetas, el de mayor mortandad infantil del continente (más del 7%) y el de mayor tensión entre las etnias que aún cohabitan allí. De mantenerse la actual evolución, Kosovo pronto será una provincia yugoslava exclusivamente habitada por albaneses. Las consecuencias que esto traería consigo son imprevisibles. En 1971 aún eran serbios el 24% de la población y montenegrinos el 5%. La población albanesa no llegaba al 70%. Hoy la comunidad serbia en Kosovo no supone siquiera el 9% de la población y los montenegrinos rozan el 1%. Los albaneses avanzan hacia el 90%.

Esta evolución, que Belgrado, la capital de Yugoslavia y Serbia, observa con tanta alarma como impotencia se debe al crecimiento demográfico albanés y al éxodo constante e imparable de serbios y montenegrinos de Kosovo. Los serbios y montenegrinos se van de la provincia por sentirse intimidados por la mayoría albanesa. Las intimidaciones a que aluden van desde palizas a sus hijos por sus compañeros albaneses de escuela y amenazas de grupos nacionalistas hasta la supuesta violación de mujeres serbias.

Según Vukasin Jokanovic, serbio y miembro de la presidencia de Kosovo, los nacionalistas albaneses tienen como objetivo político primordial "limpiar" la provincia de habitantes de otras etnias, "como primer paso hacia la contrarrevolución y su sueño de una gran Albania unificada". Para ello se valen de estos métodos coactivos, pero también de otros medios como la compra de propiedades y casas de los serbios y montenegrinos con muy buenas ofertas. "Esta provincia es la más pobre de Yugoslavia, y es aquí, sin embargo, donde el terreno y las casas tienen los precios más altos".Albania fomenta y capitaliza el odio entre serbios y albaneses, según Jokanovic. Tanto bajo el fallecido Enver Hoxha como con su sucesor, Ramiz Alia, el régimen de Tirana mantiene una política de "subversión continua" en la provincia, utilizando para ello emisiones de radio, agentes a sueldo e infiltraciones en círculos de la emigración y en las empresas.

Aniquilación cultural

El 11 de marzo de 1981, una huelga en la universidad de Pristina en protesta por la mala calidad de las comidas de la cantina y del alojamiento en las residencias desembocó en manifestaciones nacionalistas albanesas. En las semanas siguientes se produjeron graves enfrentamientos entre estudiantes y ejército y policía. Pristina fue rodeada por carros de combate el 10 de abril, y en la consiguiente represión del movimiento de protesta murieron al menos 11 personas, según datos oficiales, aunque fuentes independientes hablan de al menos 30 muertos.

Medios oficiales del Gobierno y de la Liga Comunista en Kosovo califican aquellas manifestaciones como un "intento contrarrevolucionario", orquestado por enemigos del sistema y que no puede repetirse. En Belgrado, miembros del Gobierno serbio no comparten este optimismo. Zivorad Georgevic, jefe del Gabinete de Información del Gobierno, considera que la situación actual es "muy grave" y señala que se han mandado unidades especiales de la policía a la región. Belgrado no sólo no tiene intención de conceder categoría de República a Kosovo, como solicitan los albaneses, sino que tiende a recortar las competencias que el Gobierno de Pristina tiene.

Los albaneses se quejan de que Serbia no sólo les niega la creación de una República de Kosovo para mantenerlos subyugados, sino que además intenta la aniquilación de la cultura albanesa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1987