Campanas y cohetes

El tañir de las campanas y el eco de los cohetes hizo comprender ayer por la mañana a los vecinos de Noja en Cantabria, (villa de 1.485 habitantes que se convierten en 25.000 durante el verano) que Victorino Viadero y José Luis Hazas habían sido rescatados. Rápidamente la casa de Victoriano y también la de sus hermanos se llenaron de convecinos. Embargada por la emoción irresistible María Pilar, su hermana, les refirió cómo se había enterado de que los náufragos estaban vivos. El mismo sentimiento le afectaba cuando horas más tarde lo volvió a relatar: "me encontraba en casa, sobre las once de la mañana, cuando sonó el teléfono. Era un radiomensaje que nos transmitían desde un barco situado en alta mar. Primero habló un tripulante gallego quien, como pudo, transmitió la noticia y luego hizo que mi hermano Vitoriano se pusiera el teléfono. Pero no pudimos cambiar ni cuatro palabras porque él se echó a llorar y yo noté que me fallaban las piernas".El primer oficial del Daniella, de nacionalidad española, contó, al mediodía, por radioteléfono a la emisora Onda Pesquera, de la Cadena SER, en San Sebastián, que fueron encontrados a unas 45 millas a la altura de la costa guipuzcoana.

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El rostro abrasado

"Los dos hombres estaban tan abatidos" dijo el primer oficial "que tuvimos que ayudarles a subir. Les dimos de comer e inmediatamente les acostamos muy abrigados. Su aspecto era muy penoso debido al agotamiento y al rostro abrasado por la brisa marina. Victoriano relató que el viento sur les había adentr-ado en el mar y pronto perdieron de vista la costa". En la noche del viernes 4, el viento sur, según el observatorio meteorológico de Santander, registró ráfagas de hasta 54 kilómetros de fuerza.

Familiares de los naúfragos manifestaron ayer que nunca hablaron de celebrar exequias, aunque puede que alguien lo pensara. "Siempre", declaró un primo de Victoriano, "tuvimos la esperanza de que volvieran a casa, de que estuvieran vivos. Por una razón: el barco era insumergible y no se habían encontrado rastos de él".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 11 de diciembre de 1987.

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