Entrevista:

Klimov: "Ya no hay censura para los cineastas soviéticos"

El director de 'Ven y mira' asiste en Madrid a un ciclo sobre cine de la URSS

El realizador soviético Elem Klimov, de 54 años, participante directo en la apertura democrática que actualmente vive la URSS y presidente de los directores de cine de su país, se encuentra estos días en España para asistir a un ciclo que sobre el cine soviético se proyecta en los cines Renoir de Madrid. Fumador empedernido de cigarrillos rubios norteamericanos, este cineasta de aspecto de galán cinematográfico asegura que ya no hay censura en la URSS. "La cuestión está en ver cómo termina este movimiento de apertura", dice, "pero yo tengo mucha fe en la victoria de ese cambio".

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Pregunta. ¿Cómo afectan al cine los nuevos aires de libertad que se respiran en la Unión Soviética?Respuesta. El cine se ha liberado mucho de todo tipo de impedimentos burocráticos. Ahora se nos reconoce el derecho de elegir el tema sin ninguna indicación desde fuera. En la práctica ya no hay temas prohibidos. Ninguno. Ya no hay censura para los cineastas soviéticos. Los únicos límites están impuestos por las fronteras morales del director cinematográfico.

P. ¿Esta apertura afecta también a las películas anteriormente prohibidas?

R. Son ya muchas las películas que antes estaban prohibidas que ahora se están proyectando en pantalla grande para todo el público. Filmes como El comisario, película ante la que no hay una actitud uniforme, está siendo preparada por su director para ser proyectada.

P. El cine soviético está empezando a proyectarse fuera de sus fronteras. ¿Se va a dar esa reciprocidad con los filmes occidentales?

R. En los últimos tiempos se han mostrado muchas películas occidentales en la URSS. La cuestión para nosotros es ver qué tipo de películas son las que se pueden distribuir en nuestro país. Nuestros criterios no van a estar en comprar barato para ganar más con las películas distribuidas.

P. ¿Pero cuáles son en su opinión las grandes películas que el espectador soviético tiene pendientes?

R. Acabamos de comprar tres películas de Milos Forman para su exhibición inmediata en la Unión Soviética: Alguien voló sobre el nido del cuco, Amadeus y Ragtime. Estamos comprando también las últimas películas de Akira Kurosawa. De Berman ya habíamos exhibido cosas, pero acabamos de adquirir Fanny y Alexander.

P. Usted es de los pocos privilegiados de su país que ya conocía el cine occidental.

R. Sí. Mis posibilidades me han permitido conocerlo. Durante los últimos años he trabajado mucho, pero de todas formas durante los dos últimos años he podido ver mucho cine de fuera porque he estado en los festivales más importantes. Sí puedo decir que estoy al corriente.

P. ¿Ha habido alguna película occidental que le haya impresionado especialmente?

R. Sinceramente, no.

P. ¿Ni siquiera los clásicos del cine occidental?

R. De verdad que no he visto nada que me conmoviera de una manera especial. Pienso que el cine mundial está en una etapa de crisis. Estamos en el momento previo al nacimiento de un nuevo tipo de calidad, pero mientras tanto puedo afirmar que no he visto nada que me haya hecho decir ¡me han matado, aquí estoy impresionado!

P. ¿Tiene alguna opinión sobre el cine que se esta haciendo y se hace en España?

R. No. Lamentablemente he podido ver muy poco cine español.

P. Aquí en España ha impresionado la dureza de sus películas, dureza que, al parecer, no tenían sus primeras obras.

R. Mi primera película, Bienvenidos o prohibido el paso a toda persona ajena, que actualmente se proyecta en la Unión Soviética, era una sátira durísima contra la burocracia. La segunda, finalizada en 1965, proyectada en la URSS hace dos meses, Las aventuras del dentista, también era dura.

La visión dramática

P. Esa visión tan dura de la vida se acentuó tras la muerte de su mujer, la cineasta Larisa Shepitko.R. Es inevitable que me influyera. Esto se nota especialmente en Adiós a Matiora. En realidad hay temas que exigen una visión dramática, como es mi filme Agonía, centrado en Rasputín con un fondo en el que se narran los últimos años del zarismo. Contar cosas como ésta o como las que se relataban en Ven y mira, donde se recrea la forma como fueron destruidas por los alemanes 628 aldeas bielorrusas no admite visiones blandas.

P. ¿La entrada del cine occidental va a influir en la forma de trabajar de los cineastas soviéticos?

R. Es inevitable. Aunque creo que cada nación tiene una forma peculiar de contar las historias y cada cual su propio ritmo. Los norteamericanos montan sus películas de una forma muy genérica y siempre a favor de la acción. Nosotros nos recreamos en la narración.

P. Se recrean ustedes tanto que es difícil ver una película que tenga una duración menor de tres horas.

R. También los norteamericanos hacen películas largas: Reds, Apocalypse now, Cotton Club. Nosotros tenemos una forma de hacer distinta. En Occidente la norma es no pasar de dos horas, pero nosotros las hacemos más largas. Queremos eliminar esas normas fijas y hacer filmes en las que todo esté en función de la historia.

P. ¿En qué película trabaja actualmente?

R. Empezaré algo el año que viene. Tengo que escoger todavía el tema. Hay muchos temas que me interesan pero no me he decidido por nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 10 de noviembre de 1987.

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