Gripe, la cita de todos los años
La vacunación, principal medida preventiva, apenas alcanza al 5% de la población
Más del 50% de las enfermedades agudas que se presentan en la población son causadas por virus respiratorios, entre los que destaca el virus de la gripe. La gripe, enfermedad generalmente benigna, puede causar importantes pérdidas socioeconómicas y una estimable mortalidad en personas especialmente vulnerables. Así, en España se estiman en más de 60.000 millones de pesetas anuales las pérdidas laborales y en alrededor de cuatro días el absentismo laboral o escolar por cada caso de gripe. La vacunación es el medio para paliar estos efectos.
Según diversos estudios realizados en España, la vacunación apenas alcanza al 5% de la población, mientras que en los países de la CE y en EE UU la tasa de vacunación es del 10%. La insuficiencia de la cobertura de esta vacunación en España es aún más clara al observar que los grupos de alto riesgo a los que se les recomienda la vacunación constituyen mucho más del 5% de la población. Diversas investigaciones destinadas a evaluar la eficacia de un programa de vacunación antigripal han puesto de manifiesto que cuando éstas se dirigen selectivamente a personas mayores de 64 años el salvar una vida costaría aproximadamente un millón de pesetas, y unas 100.000 el prolongar un año la vida.La gripe en la población general es una enfermedad que a menudo tiene un curso autolimitado y consiste en fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, síntomas respiratorios y malestar general durante un período de tiempo que va de tres a cinco días. No hay que confundir la gripe con los catarros comunes, causados por hasta 200 tipos distintos de virus que ocasionan más del 50% de todas las enfermedades agudas del ser humano. Las infecciones respiratorias agudas atacan generalmente a los niños menores de seis años, y en los adultos causan unos tres o cuatro episodios por año, produciendo el 40% del absentismo laboral y el 60% del escolar en la población general. A diferencia de la gripe, que tiene un comienzo brusco, con síntomas generales corno la fiebre, el dolor de cabeza y dolores musculares generalizados, los resfriados comunes suelen cursar sin fiebre ni malestar pronunciado.
La principal medida de salud pública empleada en la prevención de la gripe es la vacunación de individuos con alto riesgo de sufrir complicaciones si pasan el proceso gripal. Las vacunas disponibles se preparan contra cepas virales que han circulado durante la estación de gripe previa, y su composición varía generalmente cada año debido a la especial cualidad de los virus gripales de experimentar cambios de año en año.
Los especialistas aconsejan la vacunación tempranamente, en el otoño, de modo que los individuos tengan inmunidad cuando ocurran los brotes de gripe. Se aconseja vacunar a aquellos grupos de personas en los que la gripe puede producir graves complicaciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos grupos de alto riesgo son las personas mayores de 65 años o aquellas otras de cualquier edad que presenten enfermedades crónicas o déficit de su sistema inmunitario. A las mujeres embarazadas, dado el riesgo del virus gripal de poder provocar abortos y malformaciones en el feto, también suele recomendárseles la vacunación.
Al contrario que la vacuna antigripal, las llamadas vacunas anticatarrales, compuestas de diversas cantidades de bacterias respiratorias, no han demostrado ser eficaces en estudios controlados para prevenir infecciones respiratorias importantes.
Antigripales
Los medicamentos conocidos como antigripales y anticatarrales suelen contener asociaciones de varios productos activos, los más frecuentes de los cuales son analgésicos, antipiréticos y vitamina C. Su utilidad es sólo para combatir dolores de cabeza y musculares y la fiebre, pero no tienen poder curativo ni de acortar la duración de la enfermedad. Por otra parte, el uso de dosis elevadas de vitamina C no se ha demostrado eficaz para la prevención ni el tratamiento de los resfriados en estudios clínicos controlados.Existen modernos agentes, antivirales, como la amantadina, que impiden la multiplicación de determinados virus gripales y que pueden emplearse: en la profilaxis y tratamiento de la influenza. Pero, dado que no están exentos de efectos secundarios, se suele restringir su uso para casos en que la vacunación antigripal no ha podido administrarse en sujetos de alto riesgo.
Los antibióticos no tienen actividad en las enfermedades virales como la gripe o los resfriados comunes, por lo que su uso debe reservarse, al decir de los especialistas, para cuando aparecen complicaciones del proceso gripal producidas por bacterias. Además de inútil, el empleo inadecuado de los antibióticos para estos procesos virales selecciona bacterias resistentes a esos antibióticos.
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