El presidente de la RFA reivindica en Moscú unas fronteras interalemanas más humanas

El presidente alemán occidental, Richard von Weizsaecken, reivindicó anoche en Moscú unas fronteras interalemanas más humanas, y dijo que los alemanes del Este y del Oeste, divididos desde la Segunda Guerra Mundial, siguen sintiéndose miembros de una misma nación. El presidente alemán occidental inició ayer por la tarde una visita de seis días a la URSS, en un ambiente caracterizado por las agitadas relaciones bilaterales y el delicado momento por el que atraviesan las negociaciones sobre armamento nuclear entre Mosa y Washington en Ginebra, donde el papel de la RFA puede ser crucial.
"No violaremos las fronteras existentes. Nuestro objetivo es liberarlas de su carácter divisorio inhumano", manifestó Weizsaecken en un banquete oficial dado en su honor por el presidente del Presidium del Soviet Supremo, Andrei Gromiko, en el Kremlin.Weizsaecken, el primer jefe de Estado alemán que visita la URSS en 12 años, exhortó a una reducción de armamentos "radical y equilibrada", que incluiría profundos recortes en armas convencionales. Gromiko, a su vez, no trazó una división entre la eventual contribución europea a las negociaciones de Ginebra y la contribución de la RFA. En el resultado de Ginebra "mucho depende de la posición de los Estados de Europa occidental. Esperamos que el Gobierno de la RFA contribuirá no sólo con palabras, sino también con la acción, al éxito de estas conversaciones y a la liberación de Europa de todo tipo de armas nucleares", dijo el dirigente soviético.
Tono moderado
Observadores de la RFA en Moscú calificaron de "moderado" el tono adoptado por ambos políticos. Von Weizsaecken se entrevista hoy con el líder soviético, Mijail Gorbachov, y este encuentro es considerado el núcleo político de la visita del presidente alemán occidental a la URSS. Gromiko se refirió ayer al encuentro para expresar su esperanza de que contribuya a dar .un nuevo impulso al desarrollo del diálogo político" entre los dos países.
Gorbachov, que en varias visitas oficiales anteriores, como la de la primera ministra británica, Margaret Thatcher, o la del primer ministro indio, Rajiv Ghandi, ha roto el protocolo para tener una deferencia especial con sus huéspedes, no apareció anoche en la cena oficial, y medios germano occidentales consideraban que éste era el "precio mínimo" a pagar por las observaciones del canciller Helmut Kohl publicadas en la revista Newsweek en octubre pasado. Allí se comparaba a Gorbachov con Joseph Góbbels, lo que motivó airadas protestas del Kremlin, e incluso la anulación de vanas visitas oficiales.
La suerte del joven Mathias Rust, que aterrizó en una avioneta en la plaza Roja de Moscú el pasado 28 de mayo, seguía siendo una incógnita ayer. Ninguna de las dos partes comentaba oficialmente el asunto. Rust se encuentra internado en la prisión de Lefortovo, y algunas fuentes
alemanas se habían mostrado esperanzadas sobre su futuro.
Von Weizsaecken exhortó a dejar de pensar con categorías de bloques y fronteras de bloques en vísperas del próximo milenio, y abogó por la distensión y reducción de las tensiones regionales. En este contexto, pidió la total retirada de las tropas soviéticas de Afganistán.
Una suavización de las relaciones entre la RFA y la Unión Soviética y una mayor clarificación sobre las perspectivas de acuerdo en Ginebra son dos de los resultados que cabe esperar de la visita de Von Weizsaecken. Para la URS S, tales perspectivas son frenadas por la presencia de 72 Pershing 1-A tutelados por el Ejército alemán y con cabezas nucleares controladas por los norteamericanos.
La 'opción doble cero'
Tras meses de titubeos, Bonn aceptó la opción doble cero, que supone la eliminación de los euromisiles (radio de 1.000 a 5.000 kilómetros) y los misiles de más corto alcance (de 500 a 1.000 kilómetros), pero ha insistido en mantener los 72 Pershing 1-A pertenecientes a la categoría de más corto alcance.
Ayer, el periódico Pravda, órgano del PCUS, reclamaba la eliminación de los 72 Pershing 1-A y dibujaba la siguiente alternativa: o bien los Pershing 1-A son norteamericanos y, en ese caso, deben entrar en las negociaciones de Ginebra sobre armas nucleares, o bien son alemanes, y, si eso implica el uso de cabezas nucleares norteamericanas por el Ejército de la RFA, entonces ambos países están violando el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Este documento, firmado en 1968, prohíbe a los países poseedores de armas nucleares transferirlas a países que no las posean.
Pravda, que advertía contra la "euforia" occidental propiciada desde Washington sobre las expectativas de acuerdo en Ginebra, aseguraba que Estados Unidos y sus aliados ponen cada vez más obstáculos "insostenibles" y "artificiales" al acuerdo.
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