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EL JUICIO SOBRE EL SÍNDROME TÓXICO

Garrote mantiene una actitud distante en el diálogo con su ex jefe, en Rapsa

José Luis Garrote, de 49 años, mostró una actitud relajada y un lenguaje castizo durante su careo con Juan Miguel Bengoechea en la sesión de ayer de la vista oral sobre el síndrome tóxico. El delegado en Madrid de la firma donostiarra Rapsa mantuvo una postura distante de las versiones de su jefe, al que se dirigió con cierto aire de pasotismo. Las frases de Garrote levantaron murmullos y sonrisas entre el público. Este procesado pareció en todo momento estar de muy buen humor.

Garrote asistió como delegado de Rapsa en Madrid a las conversaciones entre el importador del aceite de colza, Juan Miguel Bengoechea, y quien luego lo distribuiría en la zona centro, Ramón Ferrero, copropietario de Raelca. Garrote llevó en su coche a Bengoechea hasta la fábrica de Ferrero, en Alcorcón (Madrid), pero se ausentó para ir al servicio precisamente cuando ambos hablaron de la colza, cuestión que todos reconocen. Esta ausencia del único testigo permite mantener a Bengoechea que él se refirió a la venta de aceite industrial, y a Ferrero, que sólo escuchó hablar de aceite comestible. El fiscal pide la absolución para Garrote, pero algunos acusadores particulares le consideran tan culpable como su jefe y reclaman para él cientos de años de cárcel.El primer punto de contradicción entre Garrote y Bengoechea se centraba en quién propuso a quién la visita a la fábrica de Alcorcón. "Bengoechea venía a Madrid cada mes o mes y medio.." comenzó a explicar el delegado de Rapsa. "No, yo no venía cada mes o mes y medio, ¿eh?", le interrumpió su jefe. "Bueno", admitió Garrote displicente, "pues no venía". El delegado de Bengoechea explicó que su jefe le indicó que debían ir a Raelca y que éste tenía la dirección anotada en una tarjeta. El empresario donostiarra negó ambas cosas.

Desconocimiento

José Luis Garrote explica que era muy temprano, que recuerda que preguntaron a un señor que recogía cartones, porque él no sabía ni dónde estaba Raelca. "Era muy temprano porque el señor recogía cartones, ya saben que tienen que recoger cartones muy temprano porque si los recogen a mediodía ya se los ha llevado la competencia". Bengoechea admite finalmente que preguntaron a alguien, de lo que parece deducirse que Garrote, en efecto, no sabía ir.

Garrote insinúa que la dirección se la habría dado a Bengoechea su delegado en Cataluña (se refiere al comisionista Jordi Pich), pero el aceitero donostiarra niega tener ningún delegado allí. "Pues yo a ese señor no me lo he sacado de la manga", espeta Garrote.

Las dos conversaciones entre Bengoechea y Ferrero fueron también objeto de careo. Garrote insiste en que eran habituales los viajes de Bengoechea desde "las provincias vas congadas", expresión que repetiría más adelante. El delegado de Rapsa hace en las dos ocasiones de taxista, y en ambos casos se ausenta en el momento clave. "Me da mucha vergüenza decirlo, pero tenía ganas de hacer pipí", explicó.

El fiscal pide precisiones sobre la tarjeta que, según Garrote, mostró Bengoechea con la dirección, anotada. El delegado de Rapsa repite la explicación ya conocida, y su jefe se explaya en recordarle la confianza que le dio, su trayectoria ascendente en la empresa y los buenos negocios que hicieron juntos "Sí", le contesta Garrote, "pero a mí me están preguntando si llevabas una dirección".

La cordial relación de aquellos tiempos no impidió que Bengoechea se ahorrase la comisión que habría correspondido a Garrote por las ventas a Ferrero. El aceitero de San Sebastián lo admite, explica los problemas de su empresa y pide disculpas a Garrote. Pero el agente comercial sabe que aquel detalle" de Bengoechea puede tener mucha importancia en la decisión final de los tres magistrados respecto a su grado de implicación en aquel extraño negocio. "Me alegro infinito de que no me dieras aquella comisión" fue su última frase.

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