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VUELTA CICLISTA A ESPAÑA

Herrera, vencedor en los lagos de Covadonga, líder

Cangas de Onís

El colombiano Lucho Herrera ganó en los lagos de Covadonga y se vistió de líder. La etapa reina no resultó decisiva, pero sí perfiló aún más la selección de candidatos al triunfo final. Tanto el irlandés Sean Kelly como el alemán occidental Raimund Dietzen confirmaron que son los más fuertes. Ambos se han situado a menos de un minuto de Herrera, diferencia que está a su alcance. Pedro Delgado, en cambio, se cayó del cartel. El mejor español fue ayer Vicente Belda, segundo en la etapa y que ya estuvo en las posiciones punteras en las de los Pirineos.

La subida a los lagos Enol y Ercina valió, por sí sola, por toda la etapa de ayer. En los 17 kilómetros finales se decidió absolutamente todo. Los 162 anteriores se los pudieron haber ahorrado los corredores. La etapa tuvo un desarrollo tal que igual habría dado iniciarla en las primeras rampas de la ascensión terminal. Y es que el enorme respeto que se tienen todos los favoritos les impide desencadenar un ataque a la antigua como el de la pasada semana entre Seu d'Urgell y Cerler.Todo lo que hubo antes de avistar los lagos fueron escaramuzas guerrilleras. De salida, una veintena de corredores se destacó para cobrar ventaja y, si se daba el caso, ayudar a sus jefes cuando éstos les alcanzasen. Entre los fugados hubo un osado, el francés Bernard Richard, que quiso hacer el recorrido en solitario y cayó, naturalmente, subiendo a los lagos.

En sus primeras rampas la carrera volvió al orden. Todos juntos, dispuestos a responder al ataque que en cualquier momento se iba a producir. La subida se desarrolló sin incidentes. Cangas de Onís reclama la continuidad de esta etapa en sucesivas ediciones de la Vuelta, pese a la prohibición del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Icona), y la organización dispuso que, para no alterar los ánimos, lo mejor era actuar con cierta tolerancia. Hasta el mediodía, la carretera de acceso a los lagos permaneció abierta. Un millar de vehículos particulares pudo ir tomando posiciones en el recorrido sin la menor restricción y no se produjo, por tanto, el menor alboroto. Se adoptaron ni más ni menos que las mismas medidas que cuando los corredores tienen que afrontar un puerto considerable a través de una carretera estrecha.

Los ciclistas, al igual que el día anterior en Alto Campoo, se situaban en las primeras rampas tras un trayecto muy tranquilo, pese a que las dificultades orográficas, con tres puertos de segunda categoría metidos en un pañuelo, invitaban a lo contrario.

Pero la batalla tenía que llegar porque la dureza de la ascensión no permitía pedalear con comodidad. Antes de que nadie decidiera romper el fuego, el francés Laurent Fignon empezaba a quedarse descolgado. Los lagos, después de 4.50 horas de carrera inútil, iniciaban su selección.

El ataque

Dietzen, como líder, estaba claro, no iba a atacar. Kelly, a dos segundos de él, tampoco. Delgado, que dosifica sus fuerzas al máximo, no iba a ser el primero. Ángel Arroyo y Belda, que se han mostrado arrojados en las ascensiones, preferían esperar. Herrera tomó el mando del pelotón. Todos quedaron pendientes de él. Era la subida más dura de la Vuelta y él es el mejor escalador del mundo y algo tenía que hacer. Cuanto más tarde atacase, mejor para los demás. Así habría menos diferencias en la cima.

Herrera empezó a imprimir mayor energía a su pedalear. Aquello no era un ataque, pero iba en serio. La tensión se elevó de tono. El esfuerzo podía estimarse ya considerable porque Herrera comenzaba a exigirse a sí mismo. Nadie cedía. Todos, pegados a su rueda. Quien se quedase atrás diría adiós a la Vuelta.

Delgado, que, por la mañana, antes de salir y en contra de su costumbre, se encerró en un camión para no distraer su concentración, apretó los dientes. Estaba a 27 segundos del liderato y sabía que perder más de un minuto le iba a echar al traste el trabajo anterior. El esfuerzo o el hecho de que estaba menos bien de lo que creía pudieron con él.

Todo esto sucedía en unos pocos minutos, que a los corredores se les hacían eternos. Veían a Herrera fuerte como nunca, pero no aceleraba. Los iba a asfixiar lentamente. Pero Herrera tampoco pensaba desperdiciar esa subida lo suficientemente empinada y larga como para cobrar minutos de ventaja. Y sucedió. Herrera se puso de pie sobre la bicicleta y se fue. Faltaban siete kilómetros para la meta. Tres después, ya era el nuevo líder. Su potencia había neutralizado -los 49 segundos que le separaban de Dietzen.

Detrás comenzó otra batalla, la de Dietzen, controlando, y la de sus otros rivales queriéndole robar, si no minutos como Herrera, sí segundos. Belda, como está fuerte tras haber preparado la Vuelta en Colombia y es valiente, tampoco tardó mucho en dejar el grupo, camino de ser el mejor español. Tras él, Vargas. Algo más atrás, no mucho porque también sube bien, Dietzen. Y en medio, Kelly, buscando esos dos segundos con los que Dietzen le había quitado días antes el liderato.

Kelly enlazó con Belda y Vargas y ambos le llevaron hasta la cima en su lucha particular con Dietzen. Éste, por su parte, había encontrado auxilio en Blanco Villar para afrontar el último tramo de la ascensión. Había perdido el liderato, pero, lo que es más importante, Kelly, su auténtico adversario, se le había ido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 1987

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