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Tribuna:

El ambiente se quedó en los pasillos

El mes de marzo ha comenzado bajo el signo de la confusión para los mercados de valores, tanto en lo referente a la evolución de las cotizaciones como en todo aquello que supone un acercamiento al patio de operaciones. Las recientes medidas limitando el acceso del público, que entraban en vigor ayer mismo, han dejado al descubierto la provisionalidad de los medios utilizados.Al margen de los criterios empleados para otorgar credenciales -función exclusiva de la junta sindical-, el caos rondó el salón de contratación, pues todavía a las once de la mañana muchos operadores institucionales se encontraban guardando cola para obtener el correspondiente pase, con lo que no pudieron estar presentes en la mayoría de los corros eléctricos. Peor les fue a los inversores particulares, que hubieron de limitarse a mirar a través de los ventanales de la galería el desarrollo de la sesión. Los 20 teléfonos instalados son una muestra de buena voluntad, pero nada más que eso para un mercado que hace gala continuamente de su alto nivel tecnológico. El derecho consuetudinario ha salido, en esta ocasión, bastante mal parado.

Un parqué vacío fue testigo de la inercia compradora que disfrutaron los valores eléctricos, hasta que el contraste con la realidad del resto del mercado lo permitió. El importante volumen de operaciones a crédito del viernes último -la mayoría, renovaciones- pone en entredicho la capacidad del mercado para soportar el actual nivel de precios, con una coyuntura en la que las dudas son abundantes.

La confianza excesiva en la inversión extranjera puede plantear situaciones similares cada vez que se produzca una baja en el ritmo de presentación de órdenes o algún conato vendedor. Por el momento, el cierre indicaba un desconcierto total ante el volumen de papel que afectaba, incluso, a valores eléctricos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1987