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Las mil y una historias de Julian Schnabel

Con sólo 35 años, el artista neoyorquino presenta una retrospectiva en el Centro Pompidou

Se podría decir sin exagerar mucho que con él llegó el escándalo y además del escándalo, la controversia, empezando por el hecho de que con sólo 35 años el Centro Cultural Georges Pompidou de París le organice -hasta el próximo 22 de marzo- una retrospectiva: más de 40 obras, de 1975 a 1986.

El neoyorquino Julian Schnabel despierta sin duda las pasiones. Los modernistas, en cuyo linaje el propio artista se reconoce, se sienten traicionados por su forma de hacer. Los posmodernos, por su parte, se rasgan las vestiduras ante una pintura que consideran reaccionaria, manipuladora, puro gesto sin sentido, realizada por un pintor que, además de identificarse con la imagen heroica del artista, considera que los sentimientos son importantes y cree en la función moral de la pintura.Lo que no puede negarse es que la obra de Schnabel, si bien divide a la crítica, goza de la admiración de un público en su mayoría joven que se deja fascinar e incluso seducir (el arte puede ser también una historia de amor) por esa llamada a la subjetividad colectiva, por esa acumulación de signos, de referencias culturales (historia del arte, libros infantiles, comics, etcétera), de significados añadidos o, por el contrario, por sus obras vaciadas; las pinturas mexicanas, por ejemplo -expuestas también actualmente en la galería Yvon Lambert de París-, realizadas sobre enormes lonas empleadas para cubrir los camiones, un soporte cargado de historias en el que el tiempo, el uso y las intemperies han dejado inscritas sus cicatrices y sobre las cuales Schnabel ha dibujado, más que pintado, monstruos (cabeza humana, cuerpo animal), dejando siempre en libertad el soporte, a la inversa que en sus plate paintings, en las que éste desaparece, enterrado bajo capas de material y cerámica rota (fundamentalmente platos), que le prestan un halo arqueológico.

Telones teatrales

En su mayor parte de formatos gigantescos, que permiten imágenes más complejas y mayor número de variaciones, además de darles un carácter espectacular (de espectáculo) -de hecho algunas de sus telas dan la sensación de ser telones teatrales-, las pinturas de Schnabel, incluidas las abstractas, provocan toda clase de historias. Resulta difícil sustraerse a la tentación literaria de inventar la historia o las miles de historias posibles, míticas, religiosas, cómicas o dramáticas y, por supuesto, superrealistas o superrealizantes, tan válidas o inválidas las unas como las otras. La obra del pintor norteamericano, más que hacer reflexionar, es el terreno abonado para todas las fantasías.Una obra discontinua, diversa, consecuencia no sólo del deseo del artista, sino quizá, y sobre todo, de sus dudas y de la variedad de sus influencias. En una exposición de Schnabel se pueden localizar muchas (algunos dirán que demasiadas). Según se hable de los fondos, las formas los materiales empleados (terciopelos, pieles, cuernos de ciervo hule, etcétera), las citas, las referencias culturales, los soportes, la acumulación o la fragmentación de imágenes, su transparencia o su inversión, se hará referencia a Pollock, Rausenberg, Motherwel, Newman (entre los norteamericanos) y a Picasso, Picabia, Baselitz, Kunellis, De Chirico, Kiefer, y sobre todo e indudablemente a Penk (entre los europeos), sin olvidar, por supuesto, Gaudí, gracias a cuya obra, que visitó por vez primera en 1978, se produjo la revelación ("un cuadro (...) es la materialización de una necesidad de realización de una revelación", dice Schnabel). Gaudí despertó en él el deseo de realizar mosaicos, origen de las plate paintings, la primera de las cuales, The patients and the doctors, 1978, forma parte de la exposición.

En una época en que abundan los manipuladores de la cantera de la historia del arte (de su sustancia), la obra de Schnabel es un derivado de calidad. Como muchos otros artistas, no ha inventado nada (al menos todavía), pero sí ha combinado, gracias a su alquimia personal, los logros de quienes le precedieron de una forma hábil e inteligente. La cuestión es si esto es suficiente para ser considerado un gran artista o no, y una obra tan joven la culminación de una carrera que no ha hecho más que comenzar. Dejemos tiempo al tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1987