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Crítica:'ROCK'

Pieles curtidas

The Psychedelic Furs es un grupo moderno, actual: compone, interpreta y se presenta en escena como tal. Repitió suerte en la capital española con su tercera visita de actuaciones y segunda que realizaban en el mismo recinto deportivo, poco apropiado como siempre, para la audición Sonaron potentes, brillantes, espectaculares y los espectadores -entre quienes ya les conocían y aquellos que lo habían deseado por consejo amistoso- regalaron su asistencia -casi se llenó el Pabellón- y su fascinación. Este trío británico, ayudado de músicos disciplinados y coherentes con el estilo requerido, causa ahora más admiración y deleite que irritación o desmadre voluntarios en el público.Los hermanos Butler y su amigo inseparable, el guitarrista John Ashton, cuidan más de la imagen. Aparecen sonrientes, lúcidos, vestidos, como el resto de sus ayudantes, de cueros negros que reflejan cuantas luces se encienden. El juego de iluminación propuesto se basaba en un trío de estrellas de cinco puntas con varias combinaciones de focos y colores. Estos músicos parecen ya muy curtidos, se permiten menos licencias espontáneas, lo tienen todo ensayado, trillado. Gozan por mérito propio de un rico repertorio en sus cinco álbumes y su último concierto, respecto al del año pasado, fue más completo y atractivo y menos relajado, porque han eliminado varias baladas de su anterior disco. No faltaron sus melodías tan celebradas, Love my way, Heaven o Here come cowboys, junto a piezas novísimas, Shadows in my heart o Midnight to midnight, título este de su elepé reciente y de la gira actual del grupo.

Concierto de The Psychedelic Furs

Richard Butler, voz; Tim Butler, bajo; John Ashton, guitarra principal; Marty Williamson, guitarra rítmica; Paul Garisto, batería; Ed Buller, teclados, y Mars Williams, saxo. Pabellón de Deportes del Real Madrid. Madrid, 1 de marzo. Duración: 101 minutos.

El espíritu psicodélico de este grupo, aunque lejano, se mantiene como algo inspirador. John Ashton ya no delira, no estrella su guitarra contra los monitores para provocar el acople psicodélico. Ello no significa que no tuviese sus fases de agudísimo desahogo sonoro con solos airados. Y Richard Butler, el intérprete, ha perfeccionado su talento comunicador en escena. Nadie en el rock habla tanto con sus manos, capaces de despertar cualquier ánimo en el público, que aplaudirá como y cuando ellas lo indiquen. Butler, Rep, dejó sus brazos al descubierto, de piel pálida, y unos guantes de cuero negro para cubrir sus armas de expresión, que agitó siempre con ese sentido ambiguo que siempre prefiere. Su voz desgarrada, particular, exclamó: "Os queremos", y cortó el recital por primera vez. Volvieron en dos ocasiones y en la segunda levantaron a todos con President Gas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1987