Fuego contra Pinochet
EL ATENTADO de que ha sido víctima el general Pinochet -y que ha causado la muerte de varios militares de su escolta- ha sido una operación llevada a cabo con medíos importantes; unas 12 personas constituían el grupo que realizó la emboscada, en la que emplearon metralletas y lanzagranadas. La información de que disponían era a todas luces perfecta. El dictador, herido en una mano, ha podido salvarse gracias a la eficacia del blíndaje del coche en el que viajaba.A pesar de versiones contradictorias, parece probable que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez sea el autor del atentado. En los últimos meses este grupo ha llevado a cabo operaciones que se han ido acercando cada vez más a los núcleos decisivos de la cumbre militar y gubernamental. La última, que causó pánico en el propio equipo del dictador, fue el secuestro durante tres días del coronel Haeberle. El atentado contra Pínochet indica un salto cualitativo en la capacidad del Frente: es muy difícil imaginar un ataque de este género contra la comitiva del dictador sin complicidades, al menos a nivel informativo, en esferas próximas al poder.
A pesar de que las fuerzas moderadas de la oposición, en particular la Democracia Cristiana, condenan toda utilización de métodos violentos, no se puede cerrar los ojos ante el hecho de que la influencia del Partido Comunista de Chile, que apoya al Frente, está creciendo sensiblemente, sobre todo en los sectores más jóvenes y radicales del país, en las universidades y en las poblaciones que rodean a la capital, en las que se concentran las capas más expoliadas y desesperadas. Ello se ha traducido en éxitos comunistas en recientes elecciones universitarias y sindicales.
La respuesta de Pínochet al atentado ha sido la declaración del estado de sitio en todo el país. Los militares y la policía han establecido controles en las calles, numerosos domicilios han sido allanados y han empezado las detenciones, en particular de figuras conocidas de la oposición de izquierda. Pinochet estaba ya lanzado a una estrategia del terror, según la expresión utilizada por Amnistía Internacional en su último informe, en el que denuncia los secuestros, torturas, encarcelamientos y muertes causadas por las unidades de la policía y de carabineros y por grupos paraestatales que actúan con el apoyo descarado de las autoridades del Estado. Con el estado de sitio el terror crecerá de tono.
Por lo demás aún es pronto para calibrar las consecuencias políticas del atentado. A los 13 años del golpe militar que derribó al presidente Salvador Allende y que causó su muerte, muchos le atribuirán un valor casi simbólico y verán en él un anuncio de que el dictador está ya muy cerca de su fin. Lo cierto es que Pinochet está aislado; incluso fuerzas de la derecha que le apoyaron en 1973 consideran hoy urgente su apartamiento del poder para que Chile pueda recuperar la democracia en un proceso pacífico. Algunas voces críticas se han levantado últimamente en el seno de las Fuerzas Armadas, sobre todo en la aviación; el presidente Reagan ha enviado a Santiago al general Galvín para convencer a Pinochet de que se retire y presionar a otros militares para que faciliten una transición hegemonizada por la derecha. Frente a todas las presiones Pinochet ha contestado con una negativa cerrada, dispuesto a mantenerse en el poder con las bayonetas de sus soldados y los crímenes de sus policías.
El fracaso del atentado en su objetivo concreto, matar a Pinochet, puede ahondar las diferencias de estrategia entre las fuerzas de la oposición y reforzar la tesis de la Democracia Cristiana, contraria a la utilización de la violencia. Pero el hecho demuestra además la íncapacidad definitiva de Pinochet para acabar, como es su pretensión, con la amenaza comunista en Chile. Ocurre lo contrario: su mantenimiento radicaliza amplios sectores de la oposición y eleva la influencia deI Partido Comunista de Chile. Las fuerzas moderadas, y en particular los militares que no quieran acompañar al dictador en una actitud suicida, sacarán consecuencias de esta sítuación.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Archivado En
- Opinión
- Augusto Pinochet
- Dictadura Pinochet
- FPMR
- Personas desaparecidas
- Chile
- Casos sin resolver
- Guerrillas
- Atentados terroristas
- Derechos humanos
- Dictadura militar
- Casos judiciales
- Dictadura
- Defensa
- Sucesos
- Historia contemporánea
- Latinoamérica
- Sudamérica
- Guerra
- Gobierno
- América
- Terrorismo
- Historia
- Conflictos
- Administración Estado




























































