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Tribuna:LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DE LA GUERRA SUCIA

La cuarta parte de los argentinos padece alguna enfermedad mental

Un reciente estudio realizado por un equipo de investigadores argentinos ha revelado un dato escalofriante, cual es que la cuarta parte de los ciudadanos argentinos sufre de algún tipo de enfermedad mental, producida por los efectos psicológicos de la represión militar. El autor de este artículo cuenta los pormenores de este dramático estudio y destaca el papel fundamental de la figura de los desaparecidos en las perturbaciones psicológicas de los argentinos.

Mientras los militares argentinos se resisten a ser juzgados por sus crímenes y presionan al. Gobierno de Alfonsín para obtener una ley de olvido, la guerra sucia que protagonizaron, con un coste dramático ,de 30.000 víctimas, parece no querer olvidarse del país.Investigaciones oficiales y de sectores privados revelan que la calidad de vida mental, tuvo graves deterioros durante el proceso 1976 a 1983 y que una cuarta parte de los argentinos padece secuelas psíquicas de la represión sufrida en esos años.

Un estudio realizado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) sobre la salud mental en ese país tuvo conclusiones preocupantes: sólo el 25,4% de la población no presenta síntoffias de afecciones psíquicas. Más de la mitad, en cambio, muestra secuelas importantes de esos años, y el 23,3% padece directamente algún tipo de enfermedad mental.

El Conicet encaró esa investigación junto con la Direción Nacional de Salud Mental. Psicólogos, sociólogos y antropólogos realizaron un exhaustivo relevamiento de la salud psíquica del país, tras los padecimientos sufridos por una represión salvaje e indiscriminada. La Dirección Nacional de Salud Mental alertá sobre la necesidad de encarar el problema tras la dictadura, y mencionó como causa del deterioro de la salud mental colectiva "el incremento de factores estresantes, como pánico, terror, muertos, desconfianza, desaparecidos y el conflicto de las Malvinas".

Silencio cómplice

Las graves secuelas no sólo han afectado a los núcleos familiares de las víctimas, sino a la población entera. Obligados a un silencio cómplice, forzados a negar lo que acontecía, pero -sobre todo- sometidos a una profunda campaña de desinformación durante el proceso militar, los argentinos parecen despertar de esos años de noche y niebla con verdaderos estragos de conciencia.

La metodología de la desaparición de personas utilizada por los jefes militares no sólo impidió en su momento una fuerte reacción social, al desconocer el verdadero destino de los secuestrados, sino que niega -ahora- la posibilidad de enterrar a los muertos. Privados del cuerpo -dicen los especialistas-, privados de la información precisa sobre su real destino, los familiares se ven impedidos de elaborar esas muertes. Convertidos en ausentes sin fin, sobrevuelan la realidad, contaminando la salud de los argentinos. Las viejas ceremonias que el hombre creó para ritualizar la pérdida de los seres queridos y enterrar con ellos el objeto de dolor no se sustituyen con declaraciones genencas sobre "la muerte de todos los desaparecidos": "Siempre les digo a mis niñas", me decía hace pocas semanas la mujer de un obrero metalúrgico desaparecido en 1976, "que debemos esperar que él regrese, aunque hay noches en que me asusta pensar que podamos no reconocerlo después de tantos años. Debe tener ya todos sus cabellos blancos".

Los investigadores tomaron en cuenta núcleos de poblacion de todo el país, trazando una suerte de mapa d el que surge que la depresión, la ansiedad y la irritabilidad son las afecciones psíquicas más extendidas.

A esos síndromes se suma un crecimiento notable de males como el alcoholismo y la drogadicción, este último un fenómeno poco difundido en la Argentina anterior al golpe militar.

El cúmulo de cuadros depresiyos generalizó también el uso indiscriminado de psicofármacos tomados sin control médico, utilizando ansiolíticos para tratar depresiones, en contradicción con las recomendaciones terapéuticas y agravando esos cuadros.

Los investigadorés, que aplicaron para este estudio un ordenamiento elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), señalan que la patología mental más frecuente es el síndrome depresivo que se presenta con serias dificultades para pensar, planes y actos suicidas, insomnio matutino y humor depresivo. Basta con repasar las páginas de comics o historietas que cada día ilustran los diarios de la capital argentina para comprobar la difusión de ese humor depresivo que los especialistas destacan como un síntoma del cuadro general.

Pueblo cementerio

A lo largo de la investigación pudo verificarse que, en general, las depresiones afectan en mayor medida a núcleos de población que habían soportado la acción directa de la represión, como Córdoba y Buenos Aires.

Sin embargo, un hecho singular lo constituye un pequeño pueblo rural llamado Magdalena, que se revela como uno de los lugares del país con mayor, incidencia patológica de la ansiedad. Poblado campesino, de largas siestas y profunda tranquilidad social, Magdalena no había conocido la acción directa de los militares argentinos, pero sus alrededores fueron utilizados para arrojar los cadáveres de centenares de personas desaparecidas en la ciudad de La Plata, capital bonaerense y centro de una importante actividad universitaria.

El cementerio de Magdalena registró durante los años 1976-1983 un alarmante número de enterramientos de personas N. N. o, sin identificar.

Casos similares se reproducen en tranquilos pueblos de provincia, en Salta y Jujuy, de una paz milenaria, que durante la dictadura se vieron diezmados sorpresivamente por acción de la persecución a trabajadores de los grandes monopolios del azúcar o del papel.

La gravedad del cuadro de secuelas del genocidio sufrido en Argentina ha movido al Ministerio de Salud y Acción Social a elaborar un Plan Nacional de Salud Mental, impulsando la "integración de acciones de salud mental en todos los hospitales generales del país, la creación de centros periféricos que cuenten con hospitales psiquiátricos de día y la realización de un censo en los hospitales especializados de todo el país".

Las organizaciones de profesionales de salud mental han reclamado un mayor presupuesto para atender la situación y su participación en los planes gubernamentales, mientras algunos organismos de derechos humanos, como el Movimiento Ecuménico, dependiente del Consejo Mundial de Iglesias, han organizado tareas de asistencia social de apoyo a víctimas directas y núcleos fámiliares afectados por la represión, derivando a organizaciones especializadas aquellos casos que requieren tratamiento psiquiátrico.

Pero quizá una de las secuelas más terribles de la guerra sucia sea la que padecen o padecerán -según los especialistas- los niños que fueron secuestrados durante esos años y cuya búsqueda es hoy una lucha desesperada contra el tiempo, tanto de las Abuelas de la Plaza de Mayo como de organismos oficiales.

"Tarde o temprano", dice la licenciada Laura Conte, asesora de Abuelas, "las huellas psicológicas impresas en los niños se manifestarán eri ellos como una bomba de tiempo. Lo registrado en la psiquis está simplemente oculto. Va a aparecer con distintos grados de psicosis en cualquier momento, sobre todo en la ádolescencia y la primera juventud".

Los altos mandos militares reclaman hoy de la democracia argentina una reconciliación social que dé vuelta a la página de esa historia siniestra que ellos han generado.

El propio jefe del Estado Mayor del Ejército, general Ríos Ereflú, ha insistido en señalar como "infiltrados subversivos" en los partidos políticos y en los medios de prensa a quienes no comparten con las fuerzas armadas esa rápida convocatoria al olvido.

Pero Argentina parece no poder reconciliarse consigo misma" hasta tanto no pueda "enterrar a sus muertos", es decir, hasta determinar con precisión el destino real de los que una noche fueron arrancados de sus hogares y señalar a los responsables.

De esa tarea depende no sólo la fortaleza final de la democracia argentina, sino también la salud de su cuerpo social.

Antonio López Crespo es periodista y abogado argentino. Formó parte de la Comisión Sábato sobre Desaparecidos en Argentina y es miembro del Consejo Ecuménico de Derechos Humanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1986