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Editorial:

Desafío de Contadora

HOY TIENEN previsto reunirse 13 cancilleres latinoamericanos: los del Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela), los del llamado grupo de apoyo (Argentina, Brasil, Perú y Uruguay) y los cinco de los países centroamericanos. El Grupo de Contadora lleva tres años y medio elaborando el texto de un acta cuyo objetivo es crear las condiciones de una solución pacífica de los principales problemas de Centroamérica. La existencia de ese grupo ha representado un factor de paz. Toda América Latina se ha sentido afectada por el problema y, con el grupo de apoyo, Contadora ha adquirido una dimensión verdaderamente continental.Dos opciones están teóricamente en juego en la reunión de hoy: o los esfuerzos de estos años van a plasmarse en la firma del acta, en compromisos firmes, o, si no, este frente latinoamericano sufre el peligro de empezar a debilitarse ante la imposibilidad del acuerdo. La firma significaría no el cese de la ayuda del Grupo de Contadora, sino, al contrario, una participación más activa aún para poner en marcha los órganos de control, decisivos para dar una nueva base a la seguridad en la zona. Pero las posibilidades de que el acta se firme ahora son prácticamente nulas.

El principal enemigo de Contadora es la Administración Reagan, que presiona sobre países muy subordinados, como Honduras, para que el acta no se firme. La política norteamericana tiende a eliminar al Gobierno sandinista mediante la guerra sucia, el apoyo a la contra, quizá mañana una intervención más directa. Es una forma de afianzar una posición de fuerza en la zona.

Pero sería ridículo atribuir toda la responsabilidad a Washington. De la actitud que adopte Nicaragua en la actual reunión de Panamá dependen también muchas cosas. En octubre de 1984 Nicaragua afirmó su decisión de firmar el acta, y la responsabilidad del aplazamiento recayó sobre los otros países centroamericanos. Hoy la actitud de Nicaragua no tiene la misma claridad. Los argumentos militares empleados no resultan convincentes. El problema de Nicaragua es político y no militar. Si hay reservas en Managua a jugar a fondo la carta latinoamericana, si la obsesión por mantener, el sistema de poder lleva al sandinismo a mostrarse reticente ante el Acta de Contadora, tirará piedras contra su propio tejado.

El futuro depende sobre todo de que ese amplio frente latinoamericano, que hoy se manifiesta en Panamá, con el apoyo de Europa, logre impedir que el sector duro de la Administración Reagan imponga su política intervencionista. Si el acta no se firma Reagan puede sacar provecho, porque tendrá más facilidades para que el Congreso financie a la contra. En cualquier caso, cabe,esperar que el aplazamiento de la firma sea lo más corto posible y que cuanto antes puedan ponerse en marcha los nuevos mecanismos de seguridad y control.

Pero nada será posible si no hay concesiones por ambos bandos. Si los sandinistas, de un lado, y los norteamericanos, del otro, adoptan posiciones rígidas de principio, cualquier acuerdo será inviable. Hay signos evidentes de que Honduras, Guatemala y El Salvador, presionados por la, Administración Reagan, son reticentes a firmar el acta. Los riesgos de un protagonismo militar en esos países cara a la situación nicaragüense son crecientes. El pesimismo cunde entre los sectores moderados en Centroamérica, mieritras no se reduce la presencia militar estadounidense en Panamá -en contra de lo pactado por Carter- y aumenta la tensión en toda el área. Una situación cada vez más peligrosa en la que una posición sandinista más flexible podría significar un alivio significativo. Nada indica que eso vaya a producirse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1986