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Margaret Thatcher se pronuncia a favor de una rebaja de los impuestos

La primera ministra británica, Margaret Thatcher, ha zanjado el debate casi hamletiano en el seno de su Gabinete entre partidarios de reducciones fiscales o incremento del gasto público con un claro pronunciamiento a favor de la rebaja de impuestos para conseguir una sociedad más justa y combatir el paro.

El objetivo de los conservadores os conseguir que la tasa de impuestos sobre rendimientos del trabajo personal, establecida en la actualidad en 29 peniques por libra o un 29% -una baja de cuatro puntos sobre el 33% de 1979, cuando Thatcher ganó las primeras elecciones-, se reduzca al 25% antes de los próximos comicios generales, que ahora no se cree se celebren hasta 1988.El debate ha dividido profundamente a los miembros del Gobierno conservador, especialmente a aquellos que se encuentran al frente de ministerios de amplios presupuestos, corno Educación, Transporte y Medio Ambiente. Este último, con el control en el Reino Unido de las administraciones municipales. Los descalabros conservadores en las últimas elecciones parciales, donde ha perdido dos de los tres escaños en juego y ha mantenido el tercero por la exigua mayoría de un centenar de votos, y en las municipales y regionales, donde ha registrado los peores resultados de los últimos tiempos, con un trasvase de más de 700 concejales y miembros de consejos regionales a otros partidos, son atribuidos por una mayoría de diputados tories a la política monetarista de la primera ministra y de su canciller del Exchequer (ministro de Hacienda), Nigel Lawson.

Intenciones laboristas

La oposición laborista, que en estos momentos lleva una ventaja de nueve puntos sobre los conservadores en las encuestas de opinión, se ha pronunciado a favor de ún incremento del gasto público, con un programa de inversiones en obras públicas, hospitales y escuelas para reducir los tres millones de párados, o el 13,2% de la población laboral activáque tiene en estos momentos el Reino Unido, con una tendencia al alza. Una gran parte de los backbenchers, o diputados de fila conservadores, comparte esa teoría, y algunos de ellos lo dicen abiertamente.Sin embargo, ni las encuestas actualmente desfavorables, ni las críticas internas de destacados miembros de su partido, ni el sentimiento extendido en amplios sectores del país de que su política está ahondando las divisiones entre ricos y pobres y entre el norte y el sur del Reino Unido parecen afectar a la calificada de dama de hierro.

Margaret Thatcher ha vuelto a demostrar que defiende sus convicciones a ultranza y que pretende cumplir a rajatabla lo prometido al electorado en las dos elecciones generales de 1979 y 1983, aunque esa política le pueda costar la jefatura del Gobierno y del Partido Conservador en 1988.

La ocasión fue el discurso de clausura del congreso anual de las mujeres conservadoras. Con mezcla de firmeza y lirismo, Thatcher prometió a sus seguidoras "una sociedad de consumidores satisfechos construida sobre el gran solar de la libertad hurnana", si el Gobierno seguía adelante con su política de reducción de impuestos personales.

La intervención de la primera ministra, precedida por otra del responsable de la economía, Nigel Lawson, y del presidente del Partido Conservador, Norman Tebbit, ardiente monetarista, hace pensar que el Gobierno no piensa apartarse ni un ápice de sus objetivos de gasto para el próximo ejercicio, establecido en 150.000 millones de libras (unos 3,3 billones de pesetas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1986

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