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Exteriores aborda hoy la situación de las empresas

La decisión de las autoridades libias de expulsar de aquel país a 40 trabajadores españoles de las empresas Ferrovial y Wat y retener los pasaportes de otros 35 españoles de la firma Cobra ha provocado la alarma en los consejos de administración de todas las empresas españolas con presencia en ese país árabe.

Con objeto de estudiar la situación, hoy está prevista una reunión en el Ministerio de Asuntos Exteriores en la que es tarán presentes los directivos de las empresas españolas afecta das o amenazadas por las represalias libias.

La presencia económica española en Libia es escasa y está protagonizada por algunas compañías intermedias, como las de montajes eléctricos Cobra y Wat, que trabajan en las zonas petrolíferas del interior de este país norteafricano; la empresa Sistemas e Instalaciones de Telecomunicación, SA (Sintel), perteneciente a la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), y grandes empresas de la construcción, como Agromán, Entrecanales y Távora, Ferrovial y Dragados y Construcciones, que colaboran con las autoridades libías en las construcciones civiles.

Aparte de ello, existen diversos acuerdos de cooperación, como los suscritos entre la empresa española Hispanoil y el organismo petrolero libio, INOC, o la pesquera mixta hispano-Iibia Lispafish.

En total, la cifra aproximada de ciudadanos españoles que trabaja en Libia no supera los 400, un buen porcentaje de ellos corresponde a técnicos en diferentes especialidades.

En el caso de Ferrovial, por ejemplo, empresa que contaba con unos 120 trabajadoresen Libia -en su mayoría, extranjeros de países no europeos-, la medida de expulsión ha afectado al personal español exclusivamente, lo que, evidentemente, ha provocado serias complicaciones en la compañía.

Construcción de una carretera

Ferrovial, cuya presencia en ese país árabe se remonta a 1978, estalba a punto de concluir el trazado de una carretera en la zona interior de Libia, a unos 250 kilómetros de la capital, Trípoli.

En el caso de la compañía Cobra, sobre cuyos trabajadores en Libia pesa también la amenaza de expulsión, las consecuencias económicas podrían ser todavía más negativas, dado que, según explicó uno de los emplead-os, el trabajo que realiza Cobra no está ni mucho menos en fase terminal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1986