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Los 'cascos blancos' se marchan de Beirut brindando con champaña

Con copas de champaña Moët et Chandon, la cúpula del Ejército regular libanés, afín al presidente Amín Gemayel, despidió ayer al cuerpo de observadores franceses, más conocidos como cascos blancos. La ceremonia tuvo lugar en el este de Beirut, en el Ministerio de Defensa. Dos horas y pico después, hacia las 15.30 (una de la tarde, hora peninsular), los 45 militares franceses embarcaban de vuelta a casa.En el acto del Ministerio de Defensa, el general Michel Aoun, jefé del Ejército regular libanés, y el coronel Pierre Avon, responsable de los cascos blancos, intercambiaron discursos. El primero calificó el conflicto de Líbano de "una guerra que no conoce convenciones". El segundo pidió un imposible regalo de despedida: "el cese de los combates fratricidas en este país".

Antes de que corriera tan buen champaña, el general Michel Aoun condecoró al coronel Pierre Avon con la medalla de los cedros en grado de comodoro. El coronel Avon recordó entonces en voz alta a los siete cascos blancos caídos en Líbano durante los dos años que ha durado la estancia de este cuerpo en Líbano.

Cara a cara

Ayer fue el primer día que los contendientes beirutíes estuvieron solos, cara a cara, sin presencia militar extranjera, desde 1982. Antes que los cascos blancos se fueron los palestinos y sirios; los israelíes y la fuerza multinacional, con los marines norteamericanos incluidos. Un oficial libanés al que alguien le comentó el asunto en el acto del Ministerio de Defensa replicó sin la menor duda: "Pero ahora dicen que están volviendo los palestinos. Así que estamos como al principio, como en 1975".

Los cascos blancos habían dejado su cuartel general de la Residence des Pins por la mañana temprano. Allí habían sido despedidos por una heterogénea representación del Ejército y de las milicias drusa, cristiana y shií. El edificío,y los jardines que le rodean quedaron bajo la protección de gendarmes franceses, y es probable que París lo ceda al Parlamento hbanés, como había solicitado el presidente en esa institución fantasma, Hussein Husseini.

Tras tomar una o dos copas, Avon y los suyos se fueron hacia Jounieh, el puerto bajo control cristiano situado a unos 20 kilómetros al norte de Beirut Este. La mayoría de los 45 observadores franceses que el pasado martes, por decisión del Gobierno de París, se retiraron de sus. últimos puestos en Beirut, eran oficiales y suboficiales de mediana edad que entretenían la espera haciéndose fotografías y declarando a la Prensa lo mucho que les gustaba Líbano y lo que sentían dejarlo, pero ninguno vertía lágrimas.

A lo lejos se veía La Rance, un buque francés de apoyo logístico y y transporte de los cascos blancos de regreso a su tierra. El muelle estaba tomado por los infantes de Marina de La Rance. El coronel Avon entregó la bandera blanca del cuerpo de observadores a su embajador en Beirut, Christian Graeff, y luego ordenó a los suyos que subieran a las barcas de desembarco que habían de llevarles a La Rance.

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