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Entrevista:

Bryan Ferry afirma que "lo más importante en cualquier música es su contenido emocional"

Al borde de los 40 años, reaparece el 'dandy pop' por excelencia

"Mi música no es de las que se venden solas", reconoce Bryan Ferry, quien se siente como un viajante de su arte. Es el turno de la promoción, y el antiguo cantante de Roxy Music se ha acercado dos días a Barcelona para presentar Boys and girIs, un disco etéreo que le ha ocupado los dos últimos años. Una de las figuras más influyentes de la música de los setenta quiere permanecer en activo en un mundillo en el que abundan sus imitadores.

A pesar de que duda que sus discos sean demasiado comerciales para el momento presente, quiere seguir explotando su vena lírica, depuración de impulsos estéticos que le llegaron desde la pintura, el cine o la literatura.Pregunta. Usted estudió con el artista Richard Hamilton y ha declarado que fue un elemento decisivo en su evolución personal. ¿Cuál fue su relación con el pop art?

Respuesta. Hamilton fue la principal razón de que acudiera a la universidad de Newcastle. Coincidí con él en su último año como profesor y me considero muy afortunado de haber tenido tal oportunidad. Ya en el colegio, me interesé por el arte y no tenía alrededor a nadie que compartiera mi fascinación, mis compañeros querían estudiar ciencias, carreras técnicas. De repente me vi en la escuela de arte de la universidad, donde había gente muy diferente interesada por lo mismo. Fueron cuatro años muy excitantes, en una atmósfera altamente creativa. Además, tuve el tiempo necesario para pensar en mí mismo, en el arte, en lo que podía hacer. Años de libertad, sin la presión del mundo real.

P. Las art schools británicas han sido cuna de importantes movimientos artísticos, especialmente en lo musical. ¿Cuál es el motivo de tal efervescencia?

R. La gente que acude a esas instituciones suelen ser personas con inquietudes creativas que no pueden encajar en otros sitios. Frecuentemente descubren el cine, el teatro o la música y no terminan como pintores o escultores. Ese fue el caso de John Lennon, o el mío. Ahora es casi una vía tradicional de entrada en el pop.

P. ¿De qué forma influye una educación visual a la hora de crear música?

R. En los primeros días de Roxy Music, usaba canciones clásicas del pop como inspiración para hacer mis propios temas, de la misma forma que los pintores de los sesenta utilizaban los comics, la publicidad, el arte comercial. Yo tomé elementos de diferentes áreas musicales con la misma actitud. Respecto a mi formación como artista plástico, yo diría que lo esencial fue que me ayudó a considerar las estructuras, a pensar en términos de texturas, formas, colores. Desde luego, lo más importante en cualquier música es su contenido emocional, la posibilidad de intuir los sentimientos del cantante o instrumentista. Pero cuando yo estoy en un estudio de grabación me siento un pintor.

P. Aparte de su reivindicación del glamour y la elegancia, hoy plenamente aceptada por la corriente principal de rock, usted ha tenido abundantes seguidores a la hora de cantar o componer. ¿Qué siente al oír discos de ABC, Japan o tantos otros?

R. Procuro evitarlos. Cuando suenan por la radio, apago el aparato. Sería demasiado incestuoso el preocuparme por los que me siguen de una forma u otra.

Elliot y Pound

P. ¿Qué músicos le sirvieron como modelos en los días de aprendizaje?R. Muchos nombres del jazz. Especialmente Charlie Parker, tanto por sus discos como por su forma de vida. Siempre me ha atraído lo trágico, la idea de alguien que vive hasta el límite, que experimenta lo que el público ordinario no se atrevería a vivir por su cuenta. Además, Parker cantaba a través de su saxo, algo que sólo se puede decir de John Coltrane y unos pocos. También cantantes como Billie Holiday, Otis Redding, que expresaban sentimientos que no se pueden transmitir correctamente con sólo palabras. Y los discos del sello Motown o las producciones de Phil Spector. Siempre música norteamericana, música de la calle, música del gueto, música negra.

P. En su nuevo elepé, Boys and girls, aparece un corte llamado Wasteland. ¿Es una referencia a T. S. Elliot?

R. En cierta forma. Hubo una época en que estuve fascinado por su capacidad para condensar mundos en unas líneas, eso de descubrir que alguien ha descrito exactamente cómo te sientes, ¡y que lo hizo hace muchísimos años! Luego descubrí que había nacido el mismo día que yo. Ezra Pound fue otra obsesión personal. Y F. Scott Fitzgerald, con su visión romántica de una sociedad en decadencia. Esos personajes de ricos perdedores, de amantes que se resignan a la infelicidad, son la base de muchas canciones mías.

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Sobre la firma

Diego A. Manrique
Periodista musical en radio, televisión y prensa escrita, ocupaciones evocadas en el libro 'El mejor oficio del mundo'. Lo que no impide su dedicación ocasional a la novela negra, el cine, los comics, las series o la Historia. 

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