Honorable Tarradellas, déjenos en paz, por favor
El pasado domingo 24, en el programa Autorretrato, de Televisión Española, don Josep Tarradellas se despachó a gusto, entre otros colectivos, contra los vascos. No me refiero a su petición de indulto para los militares golpistas ni a otras lindezas, pues en este país hay suficientes demócratas que sabrán contestarle.Con permiso del director, voy a apuntar lo que se refiere a los vascos, a quienes en esta oportunidad no nos ha llamado "el cáncer de España".
Los vascos, para Tarradellas, somos montaraces y asilvestrados. Él es pactista. Pero ahí está el acuerdo sobre la designación de secretarios en los ayuntamientos, que ha motivado las iras del superpactista Miquel Roca, quien, a pesar de su dialéctica, no ha sido capaz de obtener para Catalunya lo que "esos vascos trogloditas".
Tarradellas dice que los vascos nos preocupamos más de las relaciones con Tailandia que de pactar con la República. Sobre lo de Tailandia, no deja de ser una boutade, aunque, pensándolo bien, es una magnífica idea, ya que permitiría a nuestros empresarios poder vender en el Sureste asiático, cosa que no podrán hacer si siguen tan inoperantes las agregadurías comerciales de las embajadas.
Sobre lo de la República, le diré que el lendakari Leizaola sólo volvió del exilio para entregar su mandato en Guernika cuando aquí hubo una legalidad democrática parecida a la republicana y un estatuto al mismo nivel. Tarradellas organizó un espectáculo personal con su regreso y se conformó con una Generalitat sin contenido, de cartón piedra, más preocupada por el protocolo, el Barcelona y el Real Madrid que por el contenido que pudiera tener, hasta el punto que creo fue García Márquez quien dijo que la desgracia de Catalunya, en aquel momento, era que "se había pasado 40 años esperando que se muriera Franco y que ahora lo que esperaba era lo mismo con Tarradellas".
El honorable no dijo la verdad sobre su elección. A Companys le sucedió Irla, un caballero catalán de la política. Tarradellas no formó Gobierno, porque tras él no había una fuerza que lo apoyara.
¿Y por qué se mete ahora contra el Gobierno vasco en el exilio cuando en 1976 quiso ir a San Juan de Luz al homenaje que se le organizó Pasa a la página 14 Viene de la página 13 a nuestra institución al cumplir 40 años? Sencillamente, por falta de calidad. Tarradellas nunca soportó la actividad internacional de Aguirre tratando de conciliar a Prieto con Negrín o instando a Martínez Barrio a la formación de un Gobierno que diera salida institucional a España tras la guerra.
A los vascos siempre se nos presenta como asilvestrados y montaraces. Puede que no falte razón si asumimos posturas de dureza ante personajes como Tarradellas, que viven como jeques árabes a cuenta del erario público. Y, en réplica, ahí tenemos el caso del lendakari Leizaola. Regresó del exilio y se fue a casa de su hija. Sólo tiene un coche con chófer, y es al único político vasco que le han roto la cara en una manifestación. Felipe González no le llama a la Moncloa, como hizo con Tarradellas en la campaña electoral catalana para ir contra CiU, ni le ofrece, ni falta que hace, la orden de Carlos III.
Fue en EL PAÍS donde en una entrevista se decía que Tarradellas miente tanto que cuando dice una verdad se sonroja. Yo, la verdad, no le vi sonrojarse el pasado domingo ni una sola vez.- parlamentario por Vizcaya en el Parlamento vasco.
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