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El Año Internacional de la Juventud

Ha llegado el Año Internacional de la Juventud, después de los dedicados, por ejemplo, al nifio o a la mujer o a otros temas humillados y despreciados, señala la autora de este trabajo. Es más fácil y menos comprometido hablar de la juventud que ocuparse de ella, en su opinión, y teme que lo juvenil y las juvenalias moverán millones para el sistema, mientras los jóvenes seguirán abandonados a su triste suerte.

Acaba de comenzar el Año Internacional de la Juventud. Está claro que, cuando la sociedad, y sus poderes, desprecia y humilla a alguno de sus sectores, enseguida se saca de la manga, para compensar su culpabilidad, como deta.lle redentor, un año internacional de la cosa despreciada. Así tuvieron lugar el Año Internacional del Niño, el Año Internacional de la Mujer; ahora le toca al Año Internacional de la Juventud; el año que viene será el de la tercera edad y, sucesivamente, el del perro o el canario.La desvalorización social del joven es hoy tan evidente que todavía resulta más ultrajante esta vana ceremonia social. No tenemos más que acercarnos a la triste realidad: miles y miles dejóvenes parados, miles de delincuentes y presos jóvenes, miles de jóvenes drogadictos, cientos de accidentes juveniles, muchos de ellos en cumplimiento de sus deberes militares de jóvenes ciudadanos; cientos de suicidios juveniles, etcétera. Nunca. estuvo la juventud tan amenazada de miserias en todo el mundo, así que la madurez y la senectocracia de todas las democracias deciden laacerle ahora este caricaturesco homenaje abstracto a toda esa abstracta juventud (o sea, a nadie), en vez de atender a cada joven, que es lo que debía hacer. Pero, claro, es mucho más fácil y menos comprometido, y sobre todo más abstracto, celebrar, con bombo y platillo, el concepto juventud, con todos sus rasgos,y valores exaltados, románticos y hasta fascistas, así, en abstracto, que enfrentarse con la dura y humana tarea de, sencillamente, ocuparse de los jóvenes. Terrible operación esta, pero bien fabricada por el orden social, la de reducir a idea fija algo tan sutil, movedizo y fugaz como eso de ser más o menos joven.

Así, por un lado, vanagloriando a través de los mass-media esos atributos juveniles, su valentía y heroicidad y sus pasotas durezas, hablándoles desde televisiones, radios y podios como a campeones de la aventura vital y el cutrerío cultural, se les deforma, haciendo que a su vez se lo crean, pero, por otro lado, dejándolos tirados sin trabajo, ni afecto, ni seguridad alguna. El truco es bien infame. Se les hace diferentes fomentando sus imágenes de desclasados y disconformes, porque sobre todo a los demás, a. los que tienen el poder, tanto familiar como político, que son los rnayores, no les interesa tratarlos como a iguales, sino como a raros y violentos o utópicos soñadores. Así mantienen a raya a sus maravillosos jóvenes, cantando sus maravillas, pero sin proporcionarles lo más elemental para vivir.

En cambio, eso sí, el Año Internacional de la Juventud cuidará muy mucho de promocionar ese otro lado frívolo e inofensivo de la juventud, y que sobre todo está al alcance del bolsillo y de la compra de los que ya precisamente no son jóvenes: lo juvenil. Así que el dichoso añito para lo que valdrá realmente será para vender más rejuvenecedores maquillajes, cirugías estéticas, motos y coches juveniles, más discos desgarrados, moda joven en El Corte Inglés, más arrugas bellas sobre jovencitos tersos y más masajes trilingües de camareras del amor, todavía casi escolares, etcétera. En fin, que lo juvenil y las juvenalias serán millones y millones para el capital y su consumo, que es quien saldrá ganando, porque desde luego los jóvenes seguirán desamparados y abandonados a su triste suerte.

es escritora, poeta y profesora de Psicología Pedagógica en Formación del Profesorado, en la UNED, y de Creatividad Publicitaria en Ciencias de la Información en la universidad Complutense.

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